La musaka, esa lasaña griega que decidió que la pasta era demasiado aburrida y optó por la berenjena, tiene una historia tan rica y estratificada como su propia composición. Su origen se pierde entre mitos y verduras cortadas en rodajas, pero se cree que la idea de platos a base de capas comenzó en el mundo árabe, que a su vez pudo haber sido influenciado por las cocinas del Oriente. La musaka, como la conocemos hoy, es el resultado de una gloriosa invasión culinaria que viajó desde el corazón de Persia, pasando por el imperio Otomano, hasta anclar en las costas griegas, donde se enamoró perdidamente del queso feta y nunca más quiso irse.
Con el tiempo, los griegos adoptaron y adaptaron este plato, le dieron un hogar y una visa de residencia en su gastronomía, y ahora es prácticamente un símbolo de las cenas familiares y las reuniones dominicales, donde abuelas griegas juzgan en silencio la consistencia de tu bechamel.
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Ingredientes Necesarios:
– Berenjenas: las protagonistas, sin ellas, es como una fiesta sin música.
– Carne picada: de cordero o vacuno, dependiendo de si quieres sentirte más griego o flexible.
– Cebolla: picada finamente, porque este plato es una cuestión de textura y drama.
– Salsa de tomate: preferiblemente casera, para que te sientas un verdadero artesano culinario.
– Ajo: porque todo es mejor con ajo.
– Aceite de oliva: el elixir de la vida, al menos en el Mediterráneo.
– Queso feta: desmenuzado y dispuesto a fundirse en un abrazo con el resto de los ingredientes.
– Bechamel: para la cobertura cremosa y para practicar la paciencia mientras se cocina.
– Sal y pimienta: los reyes de la especiería, siempre presentes.
Ingredientes Opcionales:
– Vino tinto: para darle un toque de sofisticación (y para beber mientras cocinas).
– Canela: un pellizco para ese sabor que te hace decir “¿qué es esto tan delicioso?”.
– Nuez moscada: porque la bechamel sin nuez moscada es como un jardín sin flores.
– Perejil fresco: para espolvorear con verde esperanza.
– Queso parmesano: si sientes que la feta no es suficiente.
Pasos para Cocinar la Musaka:
1. Hacer malabares con las berenjenas: Corta las berenjenas en rodajas, sálalas y déjalas “sudar” como si estuvieran en una sauna. Luego, sécalas como si pidieran clemencia y fríelas hasta que estén doradas. Reserva las láminas de berenjena como si fueran medallas olímpicas.
2. La obra maestra de la carne: En una sartén, crea un thriller culinario salteando la cebolla y el ajo en aceite de oliva, añade la carne picada y déjala dorar como si se estuviera bronceando en las playas de Mykonos. Vierte el vino tinto (si optaste por el camino de la sofisticación), la salsa de tomate y las especias. Deja que todo se cocine a fuego lento como una novela de intriga.
3. El desafío de la bechamel: En una olla aparte, juega al químico loco preparando la bechamel. Mezcla mantequilla y harina hasta que se hagan amigos íntimos, luego incorpora la leche gradualmente mientras revuelves como si tu vida dependiera de ello, hasta que la salsa se espese en una pomposa cremosidad.
4. El ensamblaje: Prepara una bandeja de horno como si prepararas un lienzo para una obra de arte. Coloca una capa de berenjenas, luego una de carne, y siéntete como un arquitecto de las capas. Repite el proceso hasta que los ingredientes se te acaben o te canses.
5. La gran finalización: Cubre todo con la bechamel como si estuvieras vistiendo al plato para su gran debut en la Ópera. Espolvorea con queso feta o parmesano para ese final feliz.
6. Hornear hasta la victoria: Mete la bandeja en el horno y cocina hasta que la superficie se vea como un atardecer griego, dorado y perfecto. Unos 30 a 40 minutos a 180°C (350°F) deberían bastar.
7. La paciencia: Deja que la musaka descanse unos minutos antes de cortarla. Esto es más difícil que no picar el pan mientras esperas la comida en un restaurante.
Tabla de Ingredientes
Ingredientes Necesarios |
Ingredientes Opcionales |
Berenjenas |
Vino tinto |
Carne picada |
Canela |
Cebolla |
Nuez moscada |
Salsa de tomate |
Perejil fresco |
Ajo |
Queso parmesano |
Aceite de oliva | |
Queso feta | |
Bechamel | |
Sal y pimienta |
Al terminar tu musaka, siéntate y disfruta de este platillo que es un viaje a las islas griegas en cada bocado. Recuerda contar los cumplidos, después de todo, ¿qué es cocinar si no hay nadie cerca para alabar tu obra maestra? ¡Kali orexi! (¡Buen provecho!)
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