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Crónicas de un Pueblo. – Ecos británicos en Cartagena: minas, cañones y amores

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Escucha nuestro podcast "Cosas de una ciudad con Mar", de ¿Dónde Comemos? Cartagena. Pulsa reproducir en navegador en la pantalla de abajo.

Cartagena, a finales del siglo XIX y principios del XX, vivía un tiempo de transformación. La ciudad, estratégica y vibrante, respiraba modernidad: las minas rugían, el puerto hervía de barcos mercantes, y las colinas se coronaban de fortificaciones. Entre los protagonistas silenciosos de esa historia, los ingleses dejaron una huella tan profunda como fugaz: llegaron por intereses comerciales, mineros y navales… y se marcharon igual que vinieron, dejando tras de sí vestigios que aún hoy cuentan su paso.

El agua inglesa: vida y modernidad.

En 1889, desde Manchester, nació la Carthagena Water & Mining Co. Ltd., conocida aquí como la Compañía Inglesa. Llegaron con un objetivo claro: abastecer a Cartagena de un recurso que siempre le había sido esquivo: el agua. Construyeron depósitos como el de Canteras (1904), canales y balsas para traer el líquido desde los manantiales del oeste. Entre ellos, el famoso Depósito de las Aguas del Inglés, capaz de almacenar más de 10.000 m³.

“Trajeron vida en caños de hierro,

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la sed apagaron, dieron respiro,

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dejaron sus huellas sobre las piedras

y, como agua misma, se fueron en suspiros.”

 

Pero en 1945, con el trasvase del Taibilla, la empresa cerró su ciclo. Cartagena tomó el control de las redes y la Compañía Inglesa quedó en el recuerdo.

Minas y acero: el pulso de la industria.

En la Sierra Minera de Cartagena-La Unión, dormida desde Roma, el XIX la despertó. Capital británico, maquinaria moderna y manos locales abrieron socavones donde la plata, el plomo y el zinc corrían como venas vivas.

Empresas como Portilla, White y Cía., con el ingeniero inglés Isaiah White al frente, impulsaron fundiciones y hornos que cambiaron para siempre el rostro industrial de la ciudad. Entre el ruido de vagonetas y el humo de las chimeneas, Cartagena se convirtió en enclave minero de referencia en el Mediterráneo.

“Pico, pala, veta y canto,

la sierra sangra plata y fuego;

vieron ingleses, sudaron sueños,

pero el mineral, compañero,

volaba en barcos rumbo a su cielo.”

 

Los cañones Vickers: acero inglés sobre nuestras baterías.

Si algo quedó como símbolo tangible del vínculo británico fueron los cañones Vickers. A principios del siglo XX, España firmó contratos con la británica Vickers-Armstrong Ltd., y Cartagena, joya estratégica, recibió algunos de los cañones de costa más potentes del Mediterráneo.

Las baterías de Castillitos y Cenizas guardan aún piezas Vickers de 381 mm, capaces de disparar proyectiles de casi una tonelada a más de 35 km. Aquel acero inglés defendía nuestra bahía, y aún hoy, bajo el sol cartagenero, sus sombras hablan de industria y poder.

“Desde Castillitos truena,

voz inglesa sobre el mar,

guardias de hierro vigilan,

la bahía que hay que salvar.”

 

La leyenda de Amalia y el capitán inglés.

Pero no todo fueron cañones y minas. En la intimidad de la Algameca Chica, una pitonisa llamada Amalia leía destinos entre caracolas y espuma. Un capitán inglés, de porte elegante y mirada profunda, recaló en sus aguas y en su vida. La leyenda, recogida por Federico Casal, cuenta que el inglés visitó a Amalia durante quince días consecutivos. El mar, testigo celoso, llevaba sus confidencias.

Un día, el capitán partió, y Amalia esperó. Cuando volvió, se presentó con un anillo y una promesa. Se casaron y marcharon juntos hacia Inglaterra. De Amalia nunca más se supo, pero su historia quedó tatuada en la roca conocida hoy como el Arco de Amalia.

“Cuentan que Amalia lloró en la orilla,

que un inglés le robó el corazón,

y que las olas susurran su nombre

cuando el viento trae sal y pasión.”

 

Familias, empresas e infraestructuras inglesas

Para dar rostro y nombre a este legado, repasamos algunos protagonistas:

1. Portilla, White y Cía.

Isaiah White Lewis (1826–1894): ingeniero inglés, cofundador de la empresa. Impulsaron talleres, hornos y fundiciones que abastecían de maquinaria a la minería y a la industria local.

2. The Carthagena Water & Mining Co. Ltd.

Fundada en 1889 en Manchester, gestionó el abastecimiento de agua durante más de medio siglo. Entre sus huellas:

Finca del Inglés (Perín): sede modernista diseñada por Tomás Rico y Francisco de Paula Oliver Rolandi.

Depósitos de Canteras y de Torre Nicolás Pérez

Red de manantiales y galerías que aún persisten bajo nuestros pies.

3. Vickers-Armstrong Ltd.

Proveedor de los cañones de 381 mm de las baterías de Castillitos y Cenizas, símbolos del poder defensivo de Cartagena.

Un legado efímero… pero imborrable.

Los ingleses trajeron agua, cañones, barcos y nuevas técnicas para extraer la riqueza de la tierra. Trajeron modernidad, comercio y también cultura. Pero su paso fue como un espejismo: llegaron con fuerza, invirtieron, construyeron… y se marcharon sin mirar atrás.

Hoy, las ruinas mineras, los depósitos de Canteras, los cañones Vickers y el eco de la leyenda de Amalia son las piezas de un rompecabezas histórico que nos recuerda que Cartagena fue y sigue siendo tierra de encuentros y despedidas.

“Cartagena, puerto de sueños,

de agua y fuego, de hierro y sal,

por ti vinieron mares enteros,

y quien se va… te recuerda igual.”

 

Trovo final.

(Décima)

En tu puerto resonaron,

los pasos de mil ingleses,

que en sus barcos y sus meses

riquezas nos entregaron.

Depósitos levantaron,

minas y cañones fieros,

del agua fueron primeros,

y en tus colinas fortín,

aún los ecos laten, sin

que olvidemos sus senderos.

 

(Quintilla)

Se marcharon con sus barcos,

como quien vino de paso,

pero dejaron su trazo

en cañones y en los arcos

donde Amalia alzó su abrazo.

 

(Décima)

Hoy la historia los recuerda,

con cariño y con distancia,

y aunque el tiempo nos desguanza

Cartagena nunca pierda.

La huella inglesa se acuerda,

como canción en la brisa,

y en Algameca divisa

el amor que se llevó,

y en Castillitos quedó

la defensa más precisa.

 

(Quintilla)

Agua, minas, tradición,

fortalezas, horizonte,

el inglés dejó un puente

que une historia y corazón,

y el mar su memoria cuenta.

 

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