Cartagena vuelve a mirarse hacia dentro para crecer hacia fuera. No desde el ruido de los grandes anuncios, sino desde la lógica de los proyectos que cosen territorio y construyen futuro paso a paso. El Ayuntamiento ha adjudicado a la empresa Ecovial las obras de adecuación del tramo de la Vía Verde que conecta Los Dolores con La Aljorra, una intervención que, más allá de su dimensión técnica, encierra una clara declaración de intenciones.
Con una inversión de 187.429 euros procedentes de los Fondos Next Generation, el proyecto rescata del olvido un trazado hasta ahora infrautilizado para transformarlo en un corredor de vida. No es solo una cuestión de firme o señalización; es la recuperación de un espacio que permitirá reconectar barrios, abrir nuevas rutas y ofrecer otra forma de entender Cartagena, más pausada, más cercana a su esencia.
La actuación contempla la estabilización del terreno mediante cal viva, la creación de un área de descanso equipada para ciclistas y la instalación de señalización vertical y marcas viales que ordenen y hagan más seguro el recorrido. A ello se suma la sustitución del alumbrado convencional en el cruce con la RM18 por farolas LED alimentadas con energía fotovoltaica, un gesto coherente con el discurso de sostenibilidad que la ciudad quiere consolidar.
Desde el área de Turismo se insiste en que este tipo de proyectos no son piezas aisladas, sino parte de una estrategia más amplia que busca diversificar la oferta y reducir la dependencia de los modelos tradicionales. La Vía Verde se presenta así como un hilo conductor que permite redescubrir el paisaje rural, generar actividad económica y atraer a un visitante que busca experiencias auténticas, alejadas de la estacionalidad.
Las obras, que comenzarán previsiblemente en abril, se prolongarán durante varios meses con la mirada puesta en que el nuevo tramo pueda estar operativo antes de que termine el año. El calendario, sin embargo, es casi lo de menos. Lo relevante es el cambio de enfoque: entender que el turismo también se construye desde lo cotidiano, desde lo que conecta a las personas con su entorno.
Este proyecto se enmarca en el Plan de Sostenibilidad Turística en Destino de las Vías Verdes de la Región de Murcia, una hoja de ruta compartida entre municipios que aspira a convertir estos itinerarios en verdaderos motores de desarrollo. No se trata solo de atraer visitantes, sino de generar empleo, fijar población y dar nuevas oportunidades a espacios que, hasta hace poco, quedaban al margen del mapa.
Cartagena, en ese equilibrio entre mar y tierra, empieza a dibujar un relato más completo. Uno en el que la bicicleta, el paseo y el silencio del paisaje también cuentan. Porque a veces el futuro no llega a toda velocidad, sino siguiendo el ritmo tranquilo de un camino bien trazado.













