Cartagena volvió a situarse este martes en el centro del debate portuario nacional, convertida en punto de encuentro de quienes deciden el rumbo de las infraestructuras logísticas en España. Bajo el lema ‘Presente y Futuro Compartido en Cartagena’, la ciudad acogió a los máximos responsables de las Autoridades Portuarias del país junto a representantes de la asociación internacional RETE, en una jornada que sirvió para consolidar una idea cada vez más incuestionable: el crecimiento del puerto y el desarrollo urbano avanzan, necesariamente, de la mano.
Desde el primer momento, el mensaje fue claro. La alcaldesa, Noelia Arroyo, defendió con convicción que Cartagena vive una etapa decisiva, una “segunda gran transformación” en la que el Ayuntamiento, el Puerto y la Armada trabajan de forma coordinada para redefinir la relación de la ciudad con su litoral. Una transformación que no es solo estética o urbanística, sino profundamente económica y social. La apertura de la fachada marítima, ese proyecto “de faro a faro”, se presenta como un símbolo de una ciudad que quiere reconciliarse con su mar sin renunciar a su potencia industrial.
Arroyo puso cifras y contexto a ese compromiso. Habló de una inversión prevista de 37 millones de euros destinada a ganar espacios para los ciudadanos, algunos ya visibles y otros a punto de arrancar. Pero también dejó claro que ese avance urbano no puede desligarse del músculo económico del puerto. La ecuación, según explicó, es sencilla: sin crecimiento portuario, no hay espacio que liberar; sin actividad industrial, no hay ciudad que prospere. Por ello, insistió en la necesidad de impulsar proyectos clave como la ampliación de las terminales de contenedores y, de manera estratégica, El Gorguel, concebido como una pieza esencial en el tablero logístico nacional.
En ese mismo hilo, la alcaldesa elevó el debate a una escala mayor, situando a Cartagena dentro de una red de puertos del sur y sureste que deben actuar como bloque frente a la competencia internacional. La mirada, inevitablemente, se dirige hacia el norte de África, donde la capacidad logística crece a gran velocidad. Frente a ese escenario, defendió la intermodalidad y la conexión ferroviaria con Europa como herramientas imprescindibles para garantizar la competitividad española.
El presidente de la Autoridad Portuaria de Cartagena, Pedro Pablo Hernández, reforzó esa visión compartida subrayando que el modelo cartagenero ya ofrece resultados tangibles. No habló de proyectos futuros, sino de realidades que han transformado la relación entre el puerto y la ciudad: la nueva terminal de cruceros, el Paseo de la Marina o las actuaciones en Santa Lucía son ejemplos de cómo los espacios portuarios han dejado de ser barreras para convertirse en lugares de encuentro. A ellos se suman los desarrollos previstos en El Espalmador, que apuntan a seguir ampliando esa conexión.
La jornada también contó con la mirada externa de RETE, cuya presidenta, Teófila Martínez, elogió sin reservas el camino emprendido por Cartagena. Su intervención aportó una perspectiva que trasciende lo local, recordando que la integración puerto-ciudad es un proceso complejo que exige consenso y continuidad más allá de los ciclos políticos. En su análisis, el éxito de Cartagena radica precisamente en ese equilibrio: mantener su relevancia como nodo logístico global mientras se resuelven necesidades urbanas históricas. Y, sobre todo, en haber conseguido que la ciudadanía perciba el puerto como algo propio.
El encuentro se enriqueció con la participación de responsables de Puertos del Estado y de otras autoridades portuarias como Málaga, Sevilla, Tarragona o A Coruña, que compartieron experiencias y estrategias en un contexto donde la competitividad ya no se mide solo en toneladas movidas, sino también en la capacidad de integrar el desarrollo económico con la calidad de vida urbana.
Cartagena, en ese escenario, no solo expone su modelo, sino que lo proyecta como referencia. Una ciudad que entiende que su futuro no se juega únicamente en los muelles, sino en la manera en que esos muelles dialogan con sus calles, su economía y su gente.












