El latido de una ciudad también se mide en su capacidad de cuidar. Cartagena sigue avanzando en ese pulso firme por la vida con la incorporación de un nuevo desfibrilador semiautomático en la diputación de La Azohía, un enclave donde el mar marca el ritmo diario y donde cada segundo cuenta.
El concejal de Seguridad Ciudadana, José Ramón Llorca, visitó este lunes el Local Social de la localidad para supervisar la puesta en marcha de este dispositivo, que pasa a formar parte de una red cada vez más extensa. No se trata solo de sumar tecnología, sino de acercar oportunidades de supervivencia a cualquier punto del municipio.
La instalación responde al impulso del programa “Cartagena, Ciudad Cardioprotegida”, una iniciativa promovida por la alcaldesa, Noelia Arroyo, que busca reducir al máximo los tiempos de respuesta ante paradas cardiorrespiratorias. En situaciones críticas, la rapidez es determinante, y contar con estos equipos en lugares estratégicos puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
La elección de La Azohía no es casual. Su Local Social se ha convertido en un punto de encuentro constante, especialmente en verano, cuando la población se multiplica y la actividad se intensifica. A ello se suma su proximidad a clubes de buceo y zonas de amarre, donde la actividad deportiva y pesquera es diaria. En ese contexto, el desfibrilador no es solo un recurso sanitario, sino una garantía de seguridad para vecinos, visitantes y profesionales del mar.
Con esta nueva incorporación, Cartagena supera ya los 160 desfibriladores públicos distribuidos por barrios y diputaciones. A los equipos instalados en edificios municipales y centros sociales se suman las unidades portátiles que acompañan a Policía Local, Bomberos y otros servicios de emergencia, configurando una red que crece tanto en número como en eficacia.
Llorca ha insistido en que estos dispositivos están diseñados para ser utilizados por cualquier ciudadano. Su funcionamiento guiado permite intervenir incluso sin formación previa, ofreciendo instrucciones claras mientras llegan los servicios sanitarios. En ese gesto —el de un vecino que actúa— se concentra el verdadero sentido del proyecto: convertir a Cartagena en una ciudad donde cada persona pueda ser, llegado el momento, el primer eslabón de la cadena de vida.












