La política municipal de Cartagena suma un nuevo episodio de tensión tras la decisión de Beatriz Sánchez del Álamo de abandonar Vox, aunque continuará formando parte del gobierno local y conservará sus competencias. Su salida, lejos de ser un hecho aislado, confirma la fractura interna que atraviesa la formación en el ámbito municipal.
En un comunicado público, Sánchez del Álamo ha sido especialmente contundente con su ya ex partido, al que acusa de haber tomado una “deriva” preocupante. Denuncia, además, haber recibido un trato que califica de “indigno”, subrayando que la organización se ha distanciado de los principios que, en su día, motivaron su compromiso político.
Su marcha se produce apenas semanas después de la salida de Diego Salinas, quien también decidió abandonar Vox en un contexto marcado por cambios internos asociados a la dirección regional encabezada por José Ángel Antelo. Este goteo de bajas ha reducido significativamente la representación del partido en el Ayuntamiento.
Actualmente, Vox queda limitado a dos concejales en el consistorio, Gonzalo López Pretel y Diego Lorente, frente a los cuatro con los que inició la legislatura. Una situación que altera de forma directa el equilibrio político en el pleno municipal.
El impacto de estos movimientos se deja sentir en el gobierno que lidera la alcaldesa Noelia Arroyo. La presencia de dos concejales no adscritos introduce un nuevo escenario de incertidumbre, donde la estabilidad depende en gran medida de decisiones individuales y apoyos puntuales.
En las últimas semanas, el Ayuntamiento ya había mostrado signos de fragilidad, con ausencias en votaciones clave y acuerdos que han salido adelante gracias al voto de calidad de la alcaldesa. Este contexto refuerza la percepción de un gobierno más vulnerable, expuesto a cualquier variación en las alianzas internas.
A partir de ahora, el papel de los concejales no adscritos se perfila como determinante. Su posicionamiento en cada iniciativa marcará el rumbo político de Cartagena en una etapa donde la gobernabilidad queda condicionada por una aritmética cada vez más ajustada y un clima político en plena reconfiguración.












