Hay debates que nunca se extinguen porque, en realidad, nunca se han cerrado del todo. Permanecen latentes, regresan cíclicamente y reaparecen cuando el contexto los hace inevitables. El de la recuperación de la Provincia de Cartagena es uno de ellos. No surge de la nostalgia ni de un impulso identitario mal entendido, sino de una reflexión profunda sobre el modelo territorial, el equilibrio interno y la eficiencia en la gestión de lo común. Hablar de provincia es, hoy más que nunca, hablar de oportunidades.
Cartagena y su comarca llevan décadas demostrando una capacidad económica, industrial, portuaria, universitaria y cultural que desborda los límites administrativos actuales. No es una percepción subjetiva, sino una constatación respaldada por datos, infraestructuras y resultados. La cuestión no es si Cartagena puede asumir un mayor protagonismo administrativo, sino si el conjunto de la Comunidad Autónoma puede permitirse seguir desaprovechándolo.
La recuperación de la Provincia de Cartagena no debe interpretarse como una fractura, sino como una herramienta. Una herramienta para gestionar mejor recursos estratégicos, para acercar la toma de decisiones a los territorios que generan actividad y para corregir desequilibrios históricos que, con el paso del tiempo, se han ido consolidando. Lejos de restar, una nueva provincia permitiría sumar capacidades y repartir responsabilidades de forma más racional.
El Campo de Cartagena concentra activos de primer nivel: uno de los puertos más relevantes del Mediterráneo español, un potente tejido industrial y energético, una universidad politécnica especializada en áreas clave para la transición económica y un sector turístico ligado tanto al patrimonio histórico como a la innovación cultural. Una administración provincial propia facilitaría una gestión más ágil y coordinada de estos elementos, evitando duplicidades y acelerando procesos que hoy dependen de estructuras más lejanas.
Los beneficios de este planteamiento no se limitarían al ámbito cartagenero. Una provincia fuerte en el sureste regional actuaría como motor complementario, favoreciendo una descentralización real y una distribución más equilibrada del crecimiento. El acceso a fondos europeos, la planificación de infraestructuras o el diseño de políticas económicas ganarían en eficacia con una estructura administrativa más ajustada a la realidad territorial. La competencia sana entre territorios, cuando se produce en igualdad de condiciones, eleva el nivel del conjunto.
Existe además un elemento histórico que conviene recordar sin caer en el sentimentalismo. Cartagena fue provincia y capital administrativa durante siglos porque existían razones estratégicas, económicas y poblacionales que así lo justificaban. Aquella experiencia demuestra que la viabilidad no es una hipótesis teórica, sino un antecedente real. Muchas de las condiciones que la hicieron posible no solo se mantienen, sino que se han reforzado en el contexto del siglo XXI.
La identidad cartagenera, abierta y mediterránea, industrial y cultural, no es excluyente. Es una identidad que suma, que conecta con su comarca natural, con el Mar Menor y con el litoral sur, y que puede integrarse sin conflicto en un proyecto regional más equilibrado. Precisamente porque se siente segura de sí misma, no necesita construirse contra nadie.
En este marco cobra especial relevancia el acto que se celebrará el jueves 29 de enero de 2026, a las 17:30 horas, en el Salón de Actos de Agrónomos de la Universidad Politécnica de Cartagena, en el Campus Paseo Alfonso XIII. Bajo el título “La oportunidad y conveniencia de la Provincia de Cartagena”, el profesor Antonio García Sánchez, doctor en Economía y presidente de la Plataforma 2es+, abordará el debate desde una perspectiva académica, rigurosa y basada en el análisis de escenarios reales.
Que este debate se produzca en el ámbito universitario y esté impulsado por la Asociación UMAY y el Vicerrectorado de Estudiantes y Empleo no es un detalle menor. Subraya la necesidad de alejar el ruido político y situar la discusión en el terreno que le corresponde: el de los datos, la planificación y el interés general.
Pensar en la Provincia de Cartagena no es pensar en una meta simbólica, sino en un instrumento útil. Un medio para que Cartagena despliegue todo su potencial y, al hacerlo, contribuya de manera más eficaz al desarrollo del conjunto de la Comunidad Autónoma. En última instancia, este debate no habla solo de Cartagena. Habla de cómo queremos organizarnos, de qué modelo territorial consideramos más justo y de si estamos dispuestos a mirar al futuro con la misma vocación abierta con la que esta ciudad siempre ha mirado al mar.









