Cartagena ha incorporado estos días un nuevo hito a su recorrido literario con el descubrimiento de una placa en memoria de Josefina Soria, en la fachada del edificio de la Muralla del Mar número 19, la casa donde vivió durante años y desde la que el Mediterráneo se convirtió en materia viva de su poesía. Un gesto sencillo y a la vez cargado de significado, que ancla definitivamente su nombre al paisaje físico y emocional de la ciudad.
El acto, celebrado el viernes 30 de enero, estuvo presidido por la alcaldesa Noelia Arroyo, acompañada por el concejal de Cultura Ignacio Jáudenes, el edil de Nuevas Tecnologías Diego Lorente y la concejala Isabel Andreu. Junto a ellos, decenas de asistentes arroparon a la familia de la autora, encabezada por su hija, la escritora y educadora Marisa López Soria, en un homenaje marcado por la emoción y el recuerdo compartido.
La iniciativa, promovida por la Asociación de Mujeres Amanecer con motivo del centenario del nacimiento de la poetisa, que se conmemora este 2026, sirvió también para reivindicar el papel esencial que las asociaciones culturales femeninas han tenido —y siguen teniendo— en la vida cultural cartagenera. En su intervención, la alcaldesa subrayó esa red de mujeres creadoras y gestoras culturales a la que Josefina Soria perteneció activamente y a la que contribuyó de forma decisiva.
Nacida en Albacete en 1926, Josefina Soria llegó a Cartagena en 1975, vinculada a la Concejalía de Cultura, y desde entonces hizo de la ciudad su hogar definitivo. Cartagenera de adopción y de corazón, impulsó talleres de animación a la lectura, tertulias literarias y espacios de encuentro que durante décadas acercaron la poesía y la palabra escrita a distintas generaciones de mujeres. Su obra, extensa y reconocida, fue distinguida con galardones como el Premio Ciudad de Cartagena o el del Ateneo de Salamanca.
Durante el homenaje se recordó que su legado forma ya parte inseparable de la historia literaria local, junto al de otras autoras imprescindibles como Carmen Conde o Teresa Cervantes. Un reconocimiento que la ciudad quiso hacerle en vida dando su nombre a la Biblioteca Municipal del Centro Cultural Ramón Alonso Luzzy, espacio que hoy sigue siendo un referente cultural.
La placa descubierta recoge, a petición de su hija, un fragmento del poema Hora Prima, escrito frente al mismo mar que se extiende ante la fachada donde residió, e incorpora además un código QR que permite acceder a información ampliada sobre su trayectoria vital y literaria. Un pequeño detalle tecnológico que conecta pasado y presente para seguir difundiendo la obra de “una mujer que abrió caminos”.
Con este gesto, Cartagena no solo recuerda a la poeta, sino también a la incansable promotora cultural que dejó una huella profunda y duradera en el paisaje humano y literario de la ciudad, una huella que hoy queda fijada, para siempre, en piedra junto al mar.









