La plaza del Ayuntamiento de Cartagena amaneció este viernes 20 de febrero con una melodía distinta, tejida por más de 200 voces jóvenes llegadas de cuatro comunidades autónomas. No era un concierto al uso, ni una actuación aislada en el calendario cultural de la ciudad. Era el Encuentro Nacional Coral Juvenil, una cita en la que la música se convirtió en herramienta de convivencia, aprendizaje y bienestar compartido.
Bajo el cielo abierto del corazón histórico de Cartagena, los estudiantes interpretaron conjuntamente diferentes canciones en una imagen que trascendía lo estrictamente musical. Allí, frente al Palacio Consistorial, las voces se entrelazaban con naturalidad, como si siempre hubieran ensayado juntas. Sin embargo, detrás de esa armonía había kilómetros recorridos y meses de trabajo en común.
El encuentro forma parte de un proyecto centrado en el bienestar psicoemocional y la integración a través del canto coral. En él participan cuatro institutos de Educación Secundaria: el IES Isabel de Castilla, de Ávila; el IES Antón Fraguas, de Santiago de Compostela; el IES Francisco Umbral, de Ciempozuelos (Madrid); y el IES Galileo, de Pozo Estrecho, en Cartagena. La iniciativa cuenta con la colaboración de la unidad de programas educativos del área de Educación del Ayuntamiento de Cartagena, que ha respaldado esta experiencia de intercambio y crecimiento compartido.
Más allá de la fotografía coral en la plaza, el proyecto tiene una ambición pedagógica clara: fomentar la colaboración entre centros de distintas comunidades autónomas para desarrollar una propuesta innovadora que utilice el poder de la música como vehículo educativo. El canto coral no solo exige afinación; demanda escucha, respeto, coordinación y responsabilidad colectiva. Valores que, trasladados al aula, ayudan a afrontar algunos de los retos más complejos que hoy viven los centros educativos.
El intercambio de experiencias entre docentes y alumnado es uno de los pilares de la iniciativa. Se trata de aprender juntos, pero también de observar cómo enseñan y aprenden otros. La expresión vocal se convierte así en una herramienta para favorecer la convivencia, fortalecer la autoestima y generar espacios de encuentro donde el trabajo en equipo deja de ser una consigna para convertirse en una práctica real.
Durante tres días, del 18 al 20 de febrero, alumnos y profesores han convivido en Cartagena, combinando ensayos y actividades musicales con visitas al municipio. Para muchos de ellos, la ciudad ha sido un descubrimiento: su patrimonio, su luz y su vocación abierta al mar han acompañado una experiencia que difícilmente olvidarán.
Cuando las últimas notas se apagaron en la plaza del Ayuntamiento, quedó algo más que el eco de las canciones. Quedó la certeza de que la educación, cuando se apoya en la cultura y en la cooperación, puede construir puentes sólidos entre territorios distintos. Y que, a veces, basta con que más de 200 jóvenes canten al unísono para recordarnos que la armonía no es solo una cuestión musical, sino también social.












