El Auditorio Municipal El Batel volvió a convertirse este sábado en el corazón simbólico de Cartagena. Bajo la luz solemne del escenario y ante un patio de butacas repleto, la ciudad escuchó el pregón que abre oficialmente su Semana Santa 2026, pronunciado por el almirante de la Armada Española Pedro Luis de la Puente García-Ganges, un cartagenero de adopción que ha hecho del Arsenal, del mar y de esta tierra su puerto definitivo.
El acto estuvo presidido por el presidente de la Comunidad Autónoma, Fernando López Miras, junto a la alcaldesa, Noelia Arroyo; el obispo de la Diócesis de Cartagena, José Manuel Lorca Planes; la Nazarena Mayor, Toñy Gabarrón Gilabert; el presidente de la Junta de Cofradías, Javier Pavía Galán; la presidenta de la Asamblea Regional, Visitación Martínez; la consejera de Turismo, Cultura, Juventud y Deportes, Carmen Conesa; el almirante jefe del Arsenal, Alejandro Cuerda; y los Hermanos Mayores de las Cofradías. Una representación institucional y cofrade que evidenciaba la dimensión colectiva de una celebración que trasciende lo religioso para convertirse en seña de identidad.
En su intervención inicial, Noelia Arroyo reivindicó el pregón como una auténtica creación artística, una aportación al patrimonio cultural de la ciudad. Más allá de lo académico o lo técnico, señaló, el pregón es un ejercicio íntimo en el que quien lo pronuncia comparte emociones, recuerdos y vivencias. Y en esa elección, afirmó, la Junta de Cofradías ha acertado plenamente. El almirante De la Puente simboliza como pocos el vínculo entre la Armada y la Semana Santa cartagenera. No en vano, recordó la alcaldesa, quien ostenta el mando del Arsenal de Cartagena es la única autoridad en el mundo con potestad para “arrestar a un santo”, en alusión a la tradicional vinculación castrense con las procesiones.
También tuvo palabras de afecto hacia la Nazarena Mayor de 2026, Toñy Gabarrón, a quien definió como reflejo de lo que significa ser procesionista en su dimensión más completa: amor por Cartagena, compromiso con los más desfavorecidos y servicio constante a su cofradía.
Cuando tomó la palabra, Pedro Luis de la Puente dejó claro desde el primer momento que hablaba alguien que ha echado el ancla en esta ciudad hace más de cuarenta años. Se definió como un cartagenero “atracado en esta ciudad marinera”, una expresión que condensó el tono de un pregón atravesado por el lenguaje del mar, la disciplina naval y una profunda vivencia de la fe.
Para el almirante, la Semana Santa es el espejo en el que Cartagena se reconoce cada año. Un hecho religioso articulado en torno a un símbolo universal, la Cruz, que articula la memoria colectiva y reafirma la identidad de la ciudad. Su recorrido por las procesiones fue espiritual y también estético: habló de elegancia y entusiasmo, de la armonía del color, de la música y el silencio, del orden minucioso que hunde sus raíces en la tradición histórica y castrense. Ese rigor, esa precisión casi militar en el desfile de los tronos, no es un rasgo accesorio, sino una de las claves que distinguen a la Semana Santa cartagenera en el conjunto nacional.
La impronta naval estuvo presente de principio a fin. El pregonero evocó la Semana Santa como una travesía hacia el puerto seguro de la Resurrección, una navegación interior en la que cada procesión marca un rumbo. La Procesión del Santísimo y Real Cristo del Socorro fue definida como “un aviso a navegantes”, un faro que, desde la primera procesión de España, llama al recogimiento, a la penitencia y a la oración.
No faltó el reconocimiento a las Cofradías como custodias de una tradición viva que no se agota en los días de desfile. Recordó su compromiso permanente con la caridad y la acción social, guiadas por el mandato evangélico de “dadles vosotros de comer”, subrayando que la Semana Santa no es solo patrimonio, sino también testimonio.
Especial intensidad alcanzaron las referencias a la Virgen María, eje espiritual de la celebración. En Cartagena, afirmó, las procesiones empiezan y terminan con María: desde la Virgen de la Soledad del Consuelo hasta el encuentro glorioso del Domingo de Resurrección. Y en el centro, la Virgen de la Caridad, patrona de la ciudad, ante cuya basílica se detienen los desfiles para entonar la Salve, gesto que une devoción popular e identidad local.
El pregón culminó con un mensaje de esperanza firme, asentado en la Resurrección como victoria definitiva de la vida. Una Semana Santa que aúna fe, patrimonio, participación ciudadana y proyección exterior, reconocida como de Interés Turístico Internacional, y que ya ha iniciado su camino tras La Llamada del Miércoles de Ceniza. Del 27 de marzo al 5 de abril, las calles volverán a ser escenario de esa coreografía perfecta que distingue a Cartagena.
Tras la intervención, la alcaldesa impuso al pregonero una reproducción del Escudo de la Ciudad y el presidente autonómico le entregó la placa acreditativa. El broche de oro fue para Toñy Gabarrón, que recibió el tradicional distintivo de manos de la alcaldesa y un ramo de flores de su predecesora, María Ángeles Valverde Ruiz. La Nazarena Mayor asumió el cargo con emoción y sentido de responsabilidad, recordando a quienes ya no están pero le enseñaron el valor de mantener viva la tradición.
Cartagena, ciudad de mar y de fe, vuelve así a reconocerse en sus procesiones. La cuenta atrás ha comenzado y, como cada año, el latido acompasado de tambores y portapasos marcará el pulso de una identidad que se renueva sin perder su raíz.












