Cartagena abrió sus puertas a la poesía como quien recibe una revelación íntima. En la sala de ceremonias del Palacio Consistorial, el eco de los versos se mezcló con la solemnidad de un reconocimiento que, más allá de su dotación económica, representa una validación profunda: la de la palabra que encuentra su lugar en el mundo. La escritora Carmen Palomo Pinel llegó por primera vez a la ciudad y lo hizo para quedarse, al menos en la memoria de quienes asistieron a la entrega del XXXIX Premio Internacional de Poesía Antonio Oliver Belmás.
Su obra, Monstruos y prodigios, se presentó como una cartografía de lo insólito, una galería de figuras que, desde lo mitológico y lo deforme, nos devuelven una imagen reconocible: la de nuestras propias grietas. Durante el acto, organizado por el Ayuntamiento a través de la Universidad Popular de Cartagena, la autora recitó algunos de sus poemas, acompañada por la periodista Laura Piñero García, quien supo situar la obra en el contexto actual, donde la perfección impostada contrasta con la reivindicación de lo vulnerable.
Palomo Pinel no ocultó la emoción al recibir un galardón que considera especialmente significativo. No tanto por los 9.500 euros ni por la publicación del poemario en la editorial Pre-Textos, sino por lo que implica el respaldo de un jurado al que admira. En sus palabras, ese “sí” literario es un regalo difícil de medir, una confirmación que impulsa a seguir escribiendo desde la honestidad. La escritora recordó, además, la nómina de autores que han pasado por este premio, nombres que han marcado su propio recorrido lector y creativo.
La propuesta poética de Monstruos y prodigios se adentra en lo fantástico sin perder el anclaje emocional. Lo extraño, lo extravagante, lo aparentemente ajeno, se convierte en espejo. En ese juego de reflejos, la autora construye un lenguaje que oscila entre lo sencillo y lo complejo, como si cada poema buscara su propia forma de existir. Laura Piñero destacó precisamente esa capacidad de generar imágenes y de conectar con una tradición que remite al propio Antonio Oliver, figura a la que rinde homenaje este galardón.
En un tiempo dominado por la exposición constante y la búsqueda de una perfección inalcanzable, la poesía de Palomo Pinel se sitúa en el lado opuesto: el de la empatía, la sensibilidad y la aceptación de lo imperfecto. Su voz propone una mirada distinta, donde lo raro no se oculta, sino que se celebra como parte esencial de lo humano.
Profesora de Derecho Romano en la Universidad San Pablo CEU, la autora encuentra en la lectura profunda de los textos jurídicos antiguos una afinidad inesperada con la poesía. Ambas disciplinas, según explica, requieren una atención minuciosa, una disposición a dejarse atravesar por el lenguaje. Esa doble vocación encontró en Cartagena un escenario ideal. La escritora aprovechó su estancia para recorrer el Foro Romano Molinete, la Casa de la Fortuna y el Museo del Teatro, lugares donde historia y palabra dialogan de forma natural.
Su paso por la ciudad no fue solo institucional, sino también emocional. “Estoy encantada”, confesó, subrayando la conexión entre su labor docente y el entorno histórico que ofrece Cartagena. Antes de marcharse, dejó también un mensaje para quienes comienzan a escribir: presentarse a este premio es aspirar a uno de los reconocimientos más valiosos en el panorama poético actual.
Con una trayectoria consolidada y una lista creciente de premios y publicaciones, Carmen Palomo Pinel continúa trazando un camino propio en la poesía contemporánea. Mientras tanto, el Premio Internacional de Poesía Antonio Oliver Belmás se prepara para celebrar en 2026 su cuadragésima edición, reafirmando su compromiso con la literatura y con la ciudad que lo vio nacer. Porque en Cartagena, una vez más, la poesía ha demostrado que sigue siendo un lugar donde lo extraordinario y lo cotidiano se encuentran.












