Cartagena vuelve a situarse ante ese instante suspendido en el tiempo que cada año marca el verdadero comienzo de su pulso más íntimo. Con la Cuaresma recién iniciada y todavía resonando la Llamada de las Procesiones del Miércoles de Ceniza, la ciudad se dispone a dar un paso al frente y a mirarse en el espejo solemne de su Semana Santa. Mañana, sábado 21 de febrero, será el turno de la palabra, de la memoria y de la emoción compartida.
La Sala Isidoro Máiquez del Auditorio municipal El Batel acogerá, a partir de las 19:00 horas y con entrada libre, el Pregón que este año pronunciará Pedro Luis de la Puente García-Ganges. Un acto que, más allá del protocolo, simboliza la apertura oficial de una celebración que trasciende lo religioso para convertirse en identidad colectiva, en herencia transmitida de generación en generación.
El escenario no será menor. Bajo la presidencia del presidente de la Comunidad Autónoma, Fernando López Miras, y con la presencia de la alcaldesa, Noelia Arroyo; del Obispo de la Diócesis, José Manuel Lorca Planes; de la Nazarena Mayor, Toñy Gabarrón Gilabert; del propio pregonero y del presidente de la Junta de Cofradías, Javier Pavía Galán, Cartagena escenificará esa unión entre instituciones, Iglesia y cofradías que sostiene el andamiaje de su Semana Grande.
El pregón será, como dicta la tradición, el momento central. La palabra de Pedro Luis de la Puente servirá para evocar recuerdos, para poner voz al sentimiento cofrade y para anticipar el latido acompasado de los tambores y el orden perfecto de los tronos que, en pocas semanas, recorrerán las calles. Tras su intervención, la alcaldesa le hará entrega del Escudo de la Ciudad, gesto que reconoce no solo su condición de pregonero, sino su vínculo con Cartagena y su Semana Santa. La placa acreditativa le será impuesta por el presidente de la Comunidad Autónoma, en un acto cargado de simbolismo institucional.
Pero la tarde tendrá también un marcado acento femenino. La Nazarena Mayor de este año, Toñy Gabarrón Gilabert, ocupará un lugar destacado en la ceremonia. Recibirá el tradicional broche y la placa que acreditan su responsabilidad y representación durante este ciclo pasional. El momento alcanzará especial emoción cuando la Nazarena del pasado año, María Ángeles Valverde Ruiz, le entregue el ramo de flores que simboliza la continuidad y la cadena invisible que une a quienes han encarnado este papel.
Así, Cartagena vuelve a ponerse en pie ante su propia historia. Mañana no desfilarán todavía los tercios ni se abrirán las puertas de los templos para las grandes procesiones, pero la ciudad comenzará a caminar hacia ellas. Porque en Cartagena, la Semana Santa no empieza cuando suenan los primeros tambores: empieza cuando alguien toma la palabra y recuerda, con voz firme, que la tradición sigue viva.











