Cartagena se detiene cada 17 de marzo para mirar hacia su historia, hacia ese hilo invisible que une pasado y presente a través de la cultura. Bajo la sombra serena de los árboles de la plaza San Francisco, la figura de Isidoro Máiquez vuelve a cobrar vida en el recuerdo colectivo de una ciudad que no olvida a quien cambió para siempre la forma de entender el teatro.
El homenaje, sencillo en las formas, pero profundo en su significado, ha reunido a decenas de personas en torno al monumento del actor cartagenero. Allí, entre miradas atentas y silencios respetuosos, el concejal de Cultura, Ignacio Jáudenes, depositó la tradicional corona de laurel acompañado por la actriz Rosario Rodríguez, en un gesto que trasciende lo institucional para convertirse en símbolo de gratitud.
No faltaron las palabras ni la emoción. Juan José Muñoz, José García Carrasco y Jaime Cros, nombres ligados al antiguo Teatro de Cámara y Ensayo Isidoro Máiquez, evocaron la figura del actor con la complicidad de quienes han vivido el teatro desde dentro. A su lado, las actrices Berni García y María Vidal devolvieron al presente el espíritu de Máiquez con un texto cargado de humor, recordando esa naturalidad escénica que lo convirtió en revolucionario sin necesidad de estridencias.
Porque Máiquez no solo interpretaba: transformaba. Fue el actor que rompió con la declamación impostada para acercar la escena a la vida, el que entendió que el teatro debía emocionar desde la verdad y no desde el artificio. Su legado, influido por las corrientes ilustradas europeas, marcó un antes y un después en la interpretación, en los decorados, en la manera de vestir un personaje y, sobre todo, en la forma de sentirlo.
Jáudenes lo definió como “el cartagenero más universal en el mundo del teatro”, y no es una afirmación gratuita. Con él, Cartagena salió a escena en los grandes escenarios de su tiempo, proyectando una imagen de ciudad abierta, inquieta y culturalmente viva. Hoy, dos siglos después, ese impulso sigue latiendo en cada iniciativa que busca consolidar al municipio como referente cultural del Mediterráneo.
El acto contó también con la presencia de miembros de la Corporación Municipal, como Jesús Giménez Gallo y Mercedes Graña, además de representantes del tejido cultural local y ciudadanos que, año tras año, acuden a esta cita casi como un ritual.
Y es que no se trata solo de recordar una fecha —17 de marzo de 1768— ni de subrayar la cercanía simbólica con su muerte, un 18 de marzo de 1820. Se trata de mantener encendida una memoria que sigue inspirando. De hecho, el horizonte ya señala una nueva efeméride: en 2027 se cumplirá el centenario de la instalación del monumento que hoy vuelve a ser punto de encuentro.
El homenaje se prolonga más allá de la plaza. Este miércoles, el Museo del Teatro Romano acogerá una conferencia a cargo de Juan José Muñoz y Jaime Cros, en la que se profundizará en la dimensión artística y transformadora de Máiquez. Una oportunidad más para comprender por qué, en Cartagena, hablar de teatro es, inevitablemente, hablar de él.
Porque hay figuras que pertenecen a los libros, y otras que, como Isidoro Máiquez, siguen caminando entre nosotros cada vez que se levanta el telón.












