El año pasado el Ayuntamiento de Cartagena sacó a licitación la explotación del local ubicado en el Parque Arqueológico del Cerro del Molinete para uso de hostelería.
El tiempo de concesión era de 10 años tras la firma del contrato, prorrogable hasta un máximo de 15 años. El canon mínimo anual de licitación tenía un importe base de 5.206,21 €, que en función de las ofertas recibidas por los interesados podría haber subido el precio inicial. Este canon no estaba sujeto a IVA y se iba a ir actualizando en función de los criterios de aprovechamiento de los espacios públicos. Además, quien se hiciera cargo del local debía asumir el coste total de instalaciones, obras, mantenimiento y explotación sin ayuda económica por parte del Ayuntamiento.
El 12 de noviembre del año pasado acababa el plazo establecido para recibir ofertas por parte de los interesados y, sorpresa, el concurso ha quedado desierto. Resulta más que curioso que nadie haya querido hacerse cargo de este pequeño bar ubicado en la colina de Arx Hasdrubalis.
Hubo un tiempo en el que se organizaban pequeños conciertos en el bar de la colina. En las tardes de primavera, cuando el sol tocaba el castillo de La Atalaya y la brisa de mar arrancaba los aromas de la lavanda y el romero plantados en el parque, estar en la terraza escuchando música en directo mientras tomabas una cerveza y picabas alguna cosa era algo inmejorable. Estar sentado en lo que pudo haber sido el palacio de Asdrúbal el Bello, en este marco histórico que es el Molinete, no tiene precio.
Por algún motivo, o varios, los conciertos fueron desapareciendo de los bares de la ciudad y las consecuencias de tales decisiones aparecieron. Un grave error por parte de quien o quienes tomaron la medida. Siempre hay soluciones intermedias. Lo fácil es prohibir.
Uno de los problemas que puede tener este bar es su acceso: debe ser a pie y subiendo cuesta. Ya no funcionan las escaleras mecánicas que daban acceso hasta las puertas del parque. Escaleras que, por lo que sea, en Cartagena no hemos sabido mantener —una mezcla de poco civismo y pésimo mantenimiento—.
Lo bueno es que muchos grupos de turistas suben a recorrer la colina para contemplar de cerca el templo de época púnica vinculado al palacio de Asdrúbal, el Santuario de Atargatis, la muralla romana, la muralla de Carlos I, la muralla de Felipe II, el refugio antiaéreo, el molino ermita de San Cristóbal, el Molino de San José, etc., y tener un bar operativo al final de la primera subida es una buena ayuda.
El horario de apertura del bar debe ir ligado al horario del parque y puede que las doce de la noche sea algo temprano, sobre todo para las noches de verano.
Últimamente ha habido una serie de quejas porque el “botelleo” —aquí siempre se ha llamado así, lo de “botellón” son cosas de gentes de la meseta— se ha instalado en precisamente El Molinete. Grupos de jóvenes, huyendo de las miradas más críticas de la sociedad, buscan rincones tranquilos donde saben que nadie va a pasar. Tener un bar abierto en la colina podría hacer que los “botelleos” se desplacen a otros lugares menos históricos, donde siempre han estado. Muy complicado acabar con esta práctica.
En cuanto al precio, no es una cantidad desorbitada; siempre que consigas los clientes suficientes y ofrezcas algo que haga que la gente quiera estar ahí. Si volvieran los conciertos sería un plus; el lugar merece la pena y mucho.
El concurso ha quedado desierto pero el Ayuntamiento volverá a sacar la licitación. No sabemos si las condiciones seguirán siendo las mismas, pero algo debe cambiar si quieren realmente que este local se explote.
A mí, personalmente, me encantaría. Solía ir bastante a tomar una cerveza y una tapa mientras los niños jugaban en los columpios frente al bar. Aunque me hubiera gustado tomar pulpo a la cartagenera, tenía otras cosas que no estaban nada mal.
Por cierto, ya que saco el tema del pulpo a la cartagenera, ¿ningún hostelero se ha planteado montar un local donde el plato estrella sea, precisamente, el pulpo a la cartagenera? Pero el de verdad, el que siempre se ha hecho en San Antón, el que se hacía en el bar Taurino o el que impregnaba de olor la calle Honda, El Rincón Gallego Casa Carlos.
Si en aquellos años pretéritos funcionaban y la gente se agolpaba en sus barras para degustar este manjar tan de aquí, ¿por qué hoy en día no va a pasar lo mismo?
Necesitamos bares simples. Pulpo a la cartagenera y michirones, cerveza y vino, y poco más. Sobra.
Imaginad por un momento el olor de un buen pulpo bajando por la colina y atrayendo a miles de personas que suben corriendo la cuesta para tomar un aperitivo tan de esta ciudad mediterránea. ¿No sería un éxito?
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