La ciudad da un paso más en la evolución de sus herramientas de seguridad. La Junta de Gobierno Local, presidida por la alcaldesa Noelia Arroyo, ha aprobado una nueva instrucción que marca un antes y un después en la operativa policial: la regulación del uso de dispositivos propulsores de gel OC JPX, una tecnología de letalidad reducida que busca situarse entre la mediación y el arma de fuego.
No se trata de un simple cambio técnico, sino de una apuesta por redefinir la intervención policial en situaciones de riesgo. Tal y como ha explicado el concejal de Seguridad, José Ramón Llorca, estos dispositivos ofrecen una respuesta eficaz para neutralizar amenazas sin recurrir a medidas extremas, reforzando así la protección tanto de los agentes como de los ciudadanos.
El sistema JPX, lejos del tradicional aerosol, proyecta un chorro de gel con oleorresina de capsicum —una sustancia derivada del chile— que actúa de forma inmediata. Sus efectos son contundentes pero temporales: irritación ocular intensa, lagrimeo y dificultad respiratoria que desaparecen en menos de una hora, sin dejar secuelas permanentes. La clave está en la precisión y la distancia, dos factores que permiten intervenir con mayor control en situaciones críticas.
Pero no todos los agentes podrán utilizarlo. La instrucción es clara: solo quienes superen una formación específica serán habilitados como operadores. Además, se crea la figura del instructor, encargada de garantizar que el conocimiento no se pierda con el tiempo y que las capacidades se mantengan al máximo nivel. La profesionalización del uso es, en este caso, tan importante como la herramienta en sí.
El control sobre estos dispositivos será estricto. Considerados legalmente como armas, cada unidad estará perfectamente identificada y custodiada en armeros con acceso restringido y sistemas de videovigilancia. No hay margen para la improvisación en un ámbito donde la responsabilidad es absoluta.
En la calle, su uso estará sujeto a una lógica progresiva. La intervención policial seguirá una escala que comienza con la presencia disuasoria y la comunicación, pasando por la preparación del dispositivo, hasta llegar, solo si es necesario, a su utilización. Todo ello bajo los principios de oportunidad, congruencia y proporcionalidad, pilares fundamentales de cualquier actuación policial.
La instrucción también pone el foco en la prudencia. Hay colectivos especialmente sensibles en los que se desaconseja su uso: mujeres embarazadas, personas mayores, menores o individuos con problemas respiratorios evidentes. Solo en situaciones extremas podría justificarse su empleo. Del mismo modo, se limita su aplicación en contextos de riesgo añadido, como personas al volante, en altura o en entornos acuáticos, donde las consecuencias podrían ser imprevisibles.
Tras cada intervención, el protocolo continúa. Cualquier persona afectada deberá recibir atención médica, y se procederá a limpiar la zona con agua, evitando agravar la irritación. Incluso en los casos de contaminación accidental, el procedimiento será el mismo, garantizando así la seguridad de todos los implicados.
Cartagena incorpora así una herramienta que no solo amplía el abanico operativo de su Policía Local, sino que refleja un cambio de enfoque: intervenir mejor, con más precisión y con menor riesgo. Una medida que no busca endurecer la acción policial, sino hacerla más inteligente.













