Vamos a tener una oportunidad para disfrutar, saborear y conocer de cerca los productos y tradiciones del Campo de Cartagena rescatando historias y recetas. Abuelos, padres, hijos y familiares podrán contar relatos que dialoguen entre tiempos, saberes y afectos. Recuerdos como una conversación mientras se pelaban las habas, una merienda debajo de la parra, el olor a hornazo en casa de la abuela, los guisos de matanza, la moraga de pescado en verano, la paella de conejo con leña de la poda, costumbres culinarias y vida en el campo… En resumen, relatos de carácter histórico relacionados con la gastronomía, la vida cotidiana y las tradiciones de nuestro campo, con autenticidad de gran valor cultural, emocional y memorial, transmitiendo los saberes entre generaciones.
La presidenta de la Asociación Cultural Gastronómica de Productos Típicos del Campo de Cartagena (APTC), Mariló García Muñoz, junto con su hermana Susana, ha puesto en marcha el primer concurso dedicado a la gastronomía del amplio Campo de Cartagena. Una iniciativa nacida con la ilusión de recuperar, conservar y compartir nuestra memoria culinaria, la cual forma parte de nuestra identidad y que podrían perderse con el tiempo. Se quiere fomentar la escritura de relatos y volver a los fogones para practicar y transmitir nuestros platos tradicionales, creando espacios de encuentro entre generaciones donde «cocinar y contar» vayan de la mano, construyendo así un valioso archivo de nuestra historia gastronómica: un legado común para todos.
Tanto a Mariló como a su hermana Susana este concurso le trae a la memoria aquel hogar de leña que encendían en su casa de campo en invierno, junto con la familia. Entorno al fuego escuchaban ese sonido único de los troncos al arder y veían la imagen llena de color de las llamas. Disfrutaban de esos paquetitos de papel de aluminio que se metían entre las brasas, con un chusco de pan de campo relleno de onzas de chocolate que se le llamaba ‘pan forrao’. Al abrirlo el pan aparecía ‘tostao’ y, a veces, un poco ‘quemao’, muy caliente y el chocolate derretido con un sabor «a gloria bendita». En esa casa de Valladolises se hacían matanzas de Navidad; se tenían gallinas ponedoras, perdices y conejos; un pequeño huerto con habas, acelgas y collejas y un limonero que recordaba la infancia de Machado. También árboles de secano como almendros, un granao, garroferos y olivos para producir buen aceite. La recogida de la almendra se amontonaba en la ‘porchá’ y, por la tarde, a pelarla para hacer deliciosa horchata, turrón, cordiales y fritas que estaban de lujo. La recolección de los pimientos verdes daba opción a freírlos con tomates maduros con un poco de sal y azúcar, para añadir al pollo frito y las patatas. Menudo manjar, casi olvidado.
Hoy las cosas son muy distintas a las de aquella época. Por eso se quieren recuperar los recuerdos de todas las gentes que lo han vivido y viven en nuestros campos. Existen relatos magníficos como los de nuestro cronista José Sánchez Conesa (El Tío del Saco), pero nos falta la vida diaria de la gente corriente, contada por ellos mismos. Nuestro campo tiene miles de historias que merecen ser escritas y escuchadas. Si no las recogemos ahora se perderán. Por ello, se debe crear un archivo de nuestro territorio. No hace falta ser escritor: basta con tener vivencias y ganas de compartirlas. La concejalía de Cultura apoya esta iniciativa y la Quesería la Yerbera patrocina los premios, poniendo ambos en valor nuestras tradiciones, gastronomía y memoria colectiva. Para participar hay que dirigirse a ctapetece@gmail.com donde facilitan todos los detalles.
Y, hablando de relatos, la Real Sociedad Económica de Amigos del País – que preside magistralmente Pedro Negroles – inauguró su Ciclo Cultural 2026 con una conferencia del expresidente de la Asamblea Regional, Alberto Castillo, titulada ‘Casos y cosas del ayer’. Castillo, retirado de la vida pública y de los focos, reapareció precisamente por el respeto y admiración que siente por esta ejemplar entidad cultural y lo que supone para la Trimilenaria. Una vez más dejó claro y demostró el cariño que siente hacia nuestra ciudad. A nada que le pida Cartagena nunca dirá que no. Su conferencia fue fruto de un trabajo de investigación que viene realizando desde hace veinte años en archivos civiles, eclesiásticos, bibliotecas, hemerotecas y bebiendo en las fuentes de la sabiduría popular para recuperar tradiciones, leyendas, costumbres y gastronomía de los lugares más recónditos de nuestra Región. Posee un amplio archivo de documentación que imprimió hace unos meses y que está compuesto por más de mil trescientos folios de noticias. Castillo anunció la próxima aparición de un libro que llevará ese título, ‘Cosas y casos’, y que será presentado en La Económica. Son «historias de la Historia» que esperamos conocerlas con ansiedad.
En la misma entidad cultural se presentó el último libro del Coronel de Infantería de Marina Adolfo Morales Trueba: ‘El Desembarco de Alhucemas, 100 años después el día D de España’. La asistencia superó el aforo y congregó a muchos cartageneros deseosos de conocer este gran trabajo sobre aquel singular evento. El Coronel Morales – nacido en Santander – cuenta con fuertes raíces cartageneras por parte de abuelo Ángel Morales, ingeniero que nació en las Puertas de Murcia y que llegó a ser presidente de Bazán. Adolfo tiene un inmenso cariño a nuestra ciudad, la lleva en la sangre y se siente «cartagenero adoptivo». Ha tenido el privilegio de mandar y dirigir la Escuela de Infantería de Marina donde fortaleció los lazos militares y familiares con la Trimilenaria. Junto a su faceta de gran militar, es autor de numerosas obras de historia naval que han sido reconocidas en dos ocasiones con el ‘Premio Nacional Virgen del Carmen de la Armada’ al mejor libro de investigación. Un lujo contar con tan insigne militar con sangre cartagenera.
Terminamos con un encuentro gastronómico en una brasería muy singular de nuestra Trimilenaria: ‘El Loco Ángel’, situada en la Alameda de San Antón donde su propietario, Ángel Alifa, nos sorprendió con un exquisito menú de recomendación. Empezamos con ensalada de puerros confitados con tomate y cebolla, foie y queso de cabra, espárragos y mezcla de lechugas. Continuamos con unos chipirones rellenos de gamba y sus patitas con limoneta de tomate, regados con un Godello de Valdesil que acompañó también al siguiente plato: unas delicias de bacalao gratinado sobre puré ajado, con brandada según la interpretación del chef José Codina. Con un Rioja de Lindes de Remelluri acompañamos a un Tomahauw a la parrilla con una guarnición de la casa, exquisita carne y perfecta elaboración. El punto dulce final fue un milhojas crujiente relleno de crema suave con acompañamiento de chocolate caliente. Un vino dulce Petit Manseng Blanc que maridó de maravilla y un asiático bien hecho pusieron punto y final a la velada en tan acogedor local con exquisitas atenciones. Termino con esta reflexión: «Debes hablar para ser escuchado, pero a veces tienes que estar en silencio para ser apreciado».













