Cartagena se asoma a un fin de semana donde la cultura no se limita a ocupar butacas, sino que invita a vivirla con intensidad. El Auditorio El Batel se convierte en epicentro de tres propuestas que dialogan entre sí desde lenguajes distintos —la emoción de la música clásica, la cercanía del humor contemporáneo y el asombro de la magia escénica—, componiendo un cartel que habla de ambición cultural y vocación de público.
La Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia regresa este viernes 10 de abril con el segundo concierto de su ciclo en la ciudad, y lo hace con un programa que respira romanticismo europeo. Bajo la batuta de José Miguel Rodilla, el repertorio traza un recorrido que va desde la evocadora obertura Las Hébridas hasta la poderosa Sinfonía nº 3, Escocesa de Mendelssohn, dos obras que condensan paisaje, emoción y narrativa musical. A ellas se suma uno de los grandes desafíos del repertorio violinístico, el Concierto para violín de Chaikovski, que contará con la interpretación del solista Joaquín Pall Palomares, en una cita que promete intensidad y virtuosismo.
El sábado 11 cambia el registro, pero no la expectación. David Cepo aterriza en Cartagena con No cruces los brazos, un espectáculo que traslada al escenario la frescura que le ha convertido en fenómeno viral. Su propuesta no busca solo la carcajada, sino la complicidad directa con el público, al que convierte en parte activa del relato. Cepo representa una nueva generación de cómicos que han sabido construir comunidad en lo digital y trasladarla con naturalidad al directo, donde la espontaneidad se convierte en su mejor aliada.
El cierre del fin de semana, el domingo 12 de abril, eleva el listón del asombro con la Gala de Campeones del festival Cartagena es Magia, que celebra su cuarta edición consolidado como una de las grandes citas del ilusionismo en la región. Dirigido por Abelmagia, el espectáculo reúne a nombres de referencia internacional como El Gran Dimitri, maestro del clown contemporáneo; Raúl Alegría, especialista en grandes ilusiones; Lucía Rivera, con su celebrado número de cambio rápido de vestuario; y Héctor Sansegundo, que combina técnica y humor con una precisión escénica impecable. Una propuesta que trasciende el truco para convertirse en experiencia visual y emocional.
El Batel vuelve así a demostrar su capacidad para articular una programación diversa y de calidad, donde cada disciplina encuentra su espacio y su público. Tres días, tres formas de emocionar y una misma ciudad que sigue apostando por la cultura como punto de encuentro.











