Hay tradiciones que no se enseñan, se heredan. O eso parecía hasta que alguien decidió que también podían aprenderse en las aulas, entre cuadernos y pupitres. El caliche, ese juego humilde de tierra, puntería y paciencia, ha encontrado en los institutos de Cartagena un nuevo impulso gracias a una iniciativa que no solo mira al pasado, sino que construye futuro.
El III Torneo “Arrímate al Caliche” ha cerrado su última edición dejando tras de sí algo más que una clasificación. Durante semanas, ocho institutos de la comarca han convertido este juego tradicional en protagonista de su actividad educativa. Alumnos de 2º a 4º de ESO han pasado de la curiosidad inicial a la competición, aprendiendo las reglas, afinando la puntería y, sobre todo, descubriendo una parte de la identidad cultural que no siempre aparece en los libros.
Antes de que la primera pieza cayera al suelo, hubo otro trabajo silencioso: el del profesorado. Formados previamente para transmitir el juego con rigor y entusiasmo, han sido el puente entre generaciones, demostrando que la escuela también puede ser un espacio donde las tradiciones se reinterpretan y cobran vida.
En cada centro, los equipos fueron tomando forma y la competición creció desde dentro, como crecen las cosas que tienen sentido. Eliminatorias, rondas y pequeños duelos que desembocaron en una final con sabor a plaza y a encuentro colectivo. La Plaza Juan XXIII se convirtió en escenario de ese momento esperado, donde ya no solo se jugaba por ganar, sino por representar a todo un instituto.
Allí, entre lanzamientos y aplausos, destacaron dos nombres propios. María Bueno, con seis derribos, y Muncef, con siete, ambos del IES Isaac Peral, se alzaron como vencedores en categoría individual. Pero más allá de las cifras, lo que quedó fue la imagen de jóvenes defendiendo con orgullo un juego que, hasta hace poco, muchos apenas conocían.
Porque de eso se trata. No solo de competir, sino de conservar. De entender que en cada lanzamiento hay algo más que un gesto deportivo: hay memoria, hay comunidad y hay una forma de relacionarse que merece seguir existiendo. Este programa, impulsado por el Ayuntamiento de Cartagena junto a la Asociación Amigos del Juego del Caliche, ha sabido encontrar ese equilibrio entre tradición y educación.
El caliche, que durante años resistió en manos de unos pocos, ha encontrado ahora nuevos jugadores. Y con ellos, nuevas oportunidades para seguir vivo.












