El local que durante años ocupó Caffé Latte en la calle del Carmen, número 23, vuelve a tener vida. Desde hoy, ese espacio tan reconocible del centro histórico de Cartagena luce nueva imagen y nuevo nombre: Camden Lock, el último bar en incorporarse a la familia Camden, que sigue ampliando su presencia en la ciudad casi sin hacer ruido, pero con paso firme.
Camden Lock ya recibe clientes y lo hace con una propuesta que no sorprende a quienes conocen otros locales de la marca, pero que sí consolida una forma muy concreta de entender la hostelería. Ambiente cuidado, estética reconocible y una oferta pensada para acompañar al cliente desde la mañana hasta bien entrada la noche. Café, desayunos, algo para picar, cervezas y copas conviven en un mismo espacio que busca ser punto de encuentro más que un bar de paso.
Quien haya frecuentado otros Camden de Cartagena reconocerá rápidamente el ADN común. La marca ha sabido construir una identidad propia basada en locales cómodos, música, cierta estética urbana y una carta versátil que funciona tanto para una charla tranquila como para una tarde larga que se alarga sin darse cuenta. Camden Lock no rompe con eso, pero sí parece ajustar el formato al entorno de la calle del Carmen, más turístico y más expuesto al paseo continuo.
La apertura de este nuevo local invita también a mirar el mapa completo de Camden en la ciudad. En calles como Carmen Conde, donde la marca ha concentrado varios de sus espacios, empieza a percibirse una sensación de reordenación interna. No sería extraño que, con la entrada en funcionamiento de Camden Lock y el movimiento natural del público hacia nuevas aperturas, alguno de los locales más veteranos acabe perdiendo protagonismo o incluso replanteando su continuidad. Es algo habitual en grupos que crecen rápido y que ajustan su red de bares según la respuesta del público.
Cartagena suma así un nuevo bar a su ya amplio catálogo hostelero, en una calle que nunca deja de reinventarse. Camden Lock no llega como una promesa futura, sino como una realidad ya en marcha, con las luces encendidas y las primeras conversaciones llenando el local. Ahora será el tiempo, y el pulso diario de la ciudad, quien decida qué lugar ocupa dentro de la escena urbana… y qué movimientos provoca a su alrededor.









