Cartagena tiene, por fin, un nuevo Plan General de Ordenación Urbana aprobado de manera provisional. La alcaldesa, Noelia Arroyo, lo ha definido como un “momento histórico” para el municipio y ha insistido en que el documento es “mucho más que unas rayas sobre un mapa”. Sin embargo, el verdadero alcance de este paso no se medirá en declaraciones, sino en la capacidad real de la ciudad para recuperar casi cuatro décadas de parálisis urbanística.
Durante una entrevista concedida el pasado lunes 16 de febrero a la televisión autonómica La 7, Arroyo subrayó que el texto ha salido adelante con el respaldo del 73% de la Corporación municipal. Ese amplio apoyo político, poco habitual en los últimos años, permite cerrar una etapa marcada por intentos fallidos, recursos y modificaciones que mantuvieron a Cartagena con un planeamiento desfasado mientras otras ciudades avanzaban.
El nuevo PGOU amplía el suelo destinado a vivienda y pone el foco en la vivienda protegida, en un contexto nacional de precios tensionados y dificultades de acceso al hogar. Sobre el papel, el aumento de suelo disponible abre oportunidades para nuevas promociones. En la práctica, el desafío será convertir esa previsión en construcción efectiva, atraer inversión y garantizar que la oferta llegue realmente a quienes hoy no pueden emanciparse o acceder a una vivienda digna.
En el plano económico, el documento eleva hasta los 10 millones de metros cuadrados el suelo industrial, un 40% más que en la actualidad. El crecimiento se concentra en el Valle de Escombreras —con la aspiración de consolidarse como polo del hidrógeno verde— y en áreas como Los Camachos y Cabezo Beaza, llamadas a reforzar la logística y la industria vinculada a la defensa. Son cifras ambiciosas que requieren infraestructuras que aún no están plenamente resueltas. La alcaldesa ha vuelto a reclamar la variante de mercancías y la conexión efectiva con el Corredor Mediterráneo, piezas clave para que el planeamiento no quede en mera expectativa.
El PGOU también se vincula al proyecto CAETRA y a las bonificaciones fiscales previstas en los presupuestos de 2026 para empresas del sector defensa. Se trata de una estrategia que busca posicionar a Cartagena en un ámbito industrial de alto valor añadido, aunque su éxito dependerá tanto de decisiones estatales como del contexto internacional.
En materia ambiental, el plan introduce un giro relevante al desclasificar grandes desarrollos previstos en el entorno del Mar Menor que hoy resultarían difícilmente asumibles. Frente a aquellos planteamientos expansivos, el nuevo documento apuesta por un crecimiento más contenido en pueblos y diputaciones, y por dotar de seguridad jurídica a 25 núcleos rurales. Es una rectificación que llega tarde, tras años en los que la presión urbanística y la crisis ambiental del Mar Menor marcaron la agenda pública.
La alcaldesa sostiene que el objetivo es favorecer un crecimiento “natural y coherente”, que permita llevar servicios públicos con mayor eficiencia. No obstante, la dispersión histórica del municipio y la falta de infraestructuras acumuladas obligarán a una planificación económica rigurosa para que esas previsiones no se queden en el papel.
El impulso al turismo es otro de los argumentos asociados a la aprobación del Plan. La seguridad jurídica facilitaría nuevas plazas hoteleras en una ciudad que vive un renovado interés patrimonial, con avances en el Anfiteatro Romano y la futura apertura al público de espacios como la gran fosa bestiaria. Pero también aquí el tiempo juega en contra: la competencia en el arco mediterráneo es intensa y Cartagena arrastra años sin un marco urbanístico estable que ofreciera certezas a los inversores.
La aprobación provisional del PGOU marca un punto de inflexión administrativo, pero no resuelve de inmediato las consecuencias de un retraso que ha condicionado el desarrollo urbano, industrial y residencial del municipio durante casi cuarenta años. El verdadero “momento histórico” comenzará ahora, en una fase en la que será necesario ejecutar, coordinar y financiar. Recuperar el tiempo perdido no será sencillo, y el margen para nuevos retrasos es cada vez menor.











