El pulso entre la urgencia administrativa y la necesidad educativa ha encontrado este jueves un punto de encuentro en Cartagena. El Ayuntamiento de Cartagena ha concedido la licencia de obras para la ambiciosa reforma y ampliación del Colegio La Inmaculada, uno de los centros más emblemáticos del Ensanche, marcando un hito tanto por la magnitud del proyecto como por la rapidez en su tramitación.
La operación, respaldada por una inversión de 11,5 millones de euros, no es una simple actualización, sino una redefinición completa del espacio educativo. Aulas renovadas, nuevas dependencias docentes y una potente apuesta por las instalaciones deportivas dibujan el futuro inmediato de un centro que busca adaptarse a las exigencias contemporáneas sin perder su identidad.
La alcaldesa Noelia Arroyo ha subrayado el carácter excepcional del proceso, culminado en tiempo récord gracias a la aprobación urgente, en el mismo día, de la modificación del estudio de detalle necesario para desbloquear el expediente urbanístico. Esta agilidad administrativa responde a un objetivo claro: permitir que las obras arranquen en verano y minimizar así el impacto en la actividad escolar.
El proyecto, firmado por el arquitecto Martín Lejarraga, plantea una intervención integral que va más allá de lo académico. El nuevo complejo incorporará un centro polideportivo de usos múltiples con piscinas, gimnasio, zona fitness y espacios polivalentes, consolidando al colegio como un referente también en el ámbito deportivo. A ello se suma un sótano destinado a aparcamientos, una solución clave en una zona urbana de alta densidad.
Ubicado entre las calles Wssell de Guimbarda, Ángel Bruna y Juan Fernández, el recinto verá optimizada su edificabilidad mediante una redistribución de volúmenes que aprovecha el margen aún disponible desde el planeamiento original de 1995. Aquel diseño inicial contemplaba menos de 8.000 metros cuadrados construidos frente a los más de 14.500 permitidos. La nueva ordenación corrige esa diferencia sin alterar ni los usos ni los límites urbanísticos, manteniendo además alturas y número de plantas dentro de los parámetros establecidos.
La actuación no solo moderniza un colegio, sino que redefine un espacio clave en el tejido urbano de Cartagena, combinando educación, deporte y planificación eficiente. Un paso adelante que refleja cómo la ciudad sigue adaptándose, pieza a pieza, a las necesidades del presente sin perder de vista su estructura y equilibrio urbano.













