Cartagena ha comenzado a respirar primavera con una intensidad especial. No es solo el calendario el que lo anuncia, sino el cuidado con el que cada rincón del centro histórico ha sido transformado para acoger una de las celebraciones más queridas del calendario festivo. El Ayuntamiento, a través del servicio municipal de Parques y Jardines, ha desplegado una intervención floral que no solo embellece, sino que envuelve la ciudad en una atmósfera sensorial donde el color y el aroma se convierten en protagonistas.
Las Cruces de Mayo florecen este año en seis enclaves emblemáticos que dialogan con la historia y la vida cotidiana de Cartagena: la Plaza del Ayuntamiento, la Plaza del Rey, la Plaza de la Merced, la calle del San Juan, la Plaza Risueño y la del Icue. En cada uno de estos espacios, las composiciones florales no son un simple adorno, sino una invitación a detenerse, observar y dejarse llevar por el espíritu festivo. Especialmente llamativa resulta la intervención en la plaza del Icue, donde la fuente se ha revestido de claveles rojos y gitanillas, generando un contraste vibrante que capta la mirada y refuerza el carácter simbólico del lugar.
El recorrido por estas cruces se convierte también en una experiencia aromática. Jazmín, albahaca, romero, menta o hierbabuena acompañan las instalaciones, aportando matices que evocan patios andaluces y tradiciones mediterráneas. A esta propuesta se suma el detalle de los maceteros de la calle San Miguel, donde las formas de guitarra, mantón y abanico se llenan de kalanchoes en tonos naranjas, amarillos, rojos y blancos, componiendo un mosaico alegre que conecta con la estética popular de estas fechas.
Este año, además, la propuesta incorpora una novedad que amplía la experiencia más allá de lo visual. En la Plaza Héroes de Cavite se ha creado un jardín aromático que introduce una pausa en el bullicio urbano. Cuatro naranjos y dos cipreses estructuran el espacio, rodeados de claveles, jazmines, galán de noche y una amplia variedad de plantas aromáticas como tomillo o romero. El resultado es un pequeño oasis que invita a pasear con calma, a respirar hondo y a reconectar con una naturaleza cuidadosamente integrada en el entorno urbano.
Con esta actuación, Cartagena reafirma su apuesta por el detalle y por la capacidad de transformar lo cotidiano en algo extraordinario. Durante estos días, la ciudad no solo celebra una tradición, sino que se ofrece a vecinos y visitantes como un escenario vivo, donde cada flor, cada aroma y cada rincón cuentan una historia que merece ser disfrutada.











