Cartagena volvió a detener el tiempo para abrazar una de sus tradiciones más profundas, de esas que no solo se celebran, sino que se sienten. La Iglesia de Santa María de Gracia acogió la solemne Salve Grande de la Cofradía California, un acto que, más allá de su carácter litúrgico, representa la antesala emocional de la Semana Santa y un punto de encuentro para generaciones de cartageneros que comparten devoción, memoria y pertenencia.
El templo se llenó de fieles, cofrades y representantes institucionales en una jornada marcada por el recogimiento y la solemnidad. La alcaldesa, Noelia Arroyo, quiso estar presente en este “Día Grande” acompañando a los hermanos californios junto a la consejera de Turismo y Cultura, Carmen Conesa, y el Hermano Mayor de la cofradía, Pedro Ayala. No era una cita más en la agenda, sino una de esas fechas señaladas que conectan directamente con la identidad de la ciudad.
Arroyo expresó la ilusión de compartir este momento con las agrupaciones procesionistas, subrayando el valor de estos encuentros que fortalecen el espíritu colectivo en vísperas de la Semana Santa, declarada de Interés Turístico Internacional. Una celebración que no solo proyecta la imagen de Cartagena al exterior, sino que refuerza, desde dentro, el orgullo de una tradición que se hereda y se renueva cada año.
Por su parte, Carmen Conesa puso el foco en el patrimonio y en el cuidado de los símbolos que lo representan, destacando el esplendor de la Virgen del Primer Dolor tras su reciente restauración. Una imagen que vuelve a brillar con toda su fuerza devocional y artística, preparada para emocionar en las próximas procesiones.
La ceremonia estuvo presidida por el obispo de la Diócesis de Cartagena, José Manuel Lorca Planes, quien invitó a los presentes a vivir la Cuaresma como un tiempo de transformación interior. En una homilía cargada de simbolismo, habló de este periodo como una oportunidad para adentrarse en el misterio del Corazón de Dios, guiados por la voz de María como un canto de esperanza y bendición. Sus palabras resonaron en un templo en silencio, recordando que la Semana Santa comienza mucho antes de que suenen los tambores.
Antes de concluir, la tradicional Salve Cartagenera volvió a poner piel de gallina a los asistentes, cerrando un acto que también incluyó la bendición de nuevos enseres de la Cofradía California, que lucirán en las calles en los próximos días. Detalles que, aunque puedan parecer pequeños, forman parte del engranaje de una celebración milimétrica donde todo tiene su lugar y su sentido.
Mientras tanto, Cartagena ya respira ese ambiente único que anuncia la llegada de sus días más intensos. El próximo viernes, con la salida del Cristo del Socorro, comenzará oficialmente la sucesión de procesiones que transformarán la ciudad. Poco después, llegará la festividad de la Virgen de la Caridad, patrona de Cartagena, en una jornada en la que la ciudad entera se volcará en la calle.
La Salve Grande no es solo un acto religioso; es el latido previo, el susurro que anticipa la emoción colectiva. Cartagena ya está lista. Y se nota.













