El silencio prolongado de una vivienda del barrio de El Ensanche terminó convirtiéndose en una llamada de auxilio que nadie escuchaba desde dentro. Fue una vecina, alertada por la ausencia de movimiento durante varios días, quien decidió marcar el 092 y poner en aviso a la Policía Local de Cartagena ante la sospecha de que algo no iba bien en uno de los domicilios de su comunidad, donde residía una familia junto a su mascota.
La tarde del miércoles 14 de enero, una dotación de agentes se desplazó hasta el inmueble. Nada más llegar, los funcionarios municipales percibieron un intenso olor a putrefacción procedente del interior de la vivienda, un indicio alarmante que reforzó la urgencia de la intervención. Tras localizar a un familiar de los moradores, los efectivos del Ayuntamiento de Cartagena lograron acceder al interior del domicilio.
Dentro no había rastro de ninguno de los miembros de la familia. Sin embargo, sí encontraron al perro que convivía con ellos. El animal permanecía encerrado en un patio de luces, rodeado de excrementos, sin agua ni alimento, y presentaba un evidente estado de desnutrición. La escena hablaba por sí sola: días de abandono, de espera inútil y de una supervivencia al límite.
Ante la imposibilidad de que el familiar localizado pudiera hacerse cargo del can en ese momento, los agentes activaron a los servicios del Centro de Acogida y Tratamiento de Animales Domésticos del Ayuntamiento de Cartagena (CATAD). El perro fue trasladado a las dependencias municipales, donde quedó bajo custodia y recibió atención veterinaria inmediata para estabilizar su estado de salud.
La intervención concluyó con la instrucción de diligencias policiales por un presunto delito de maltrato animal. Un final administrativo para una actuación que, en realidad, fue un rescate silencioso: el de un animal que sobrevivió al abandono gracias a la atención de una vecina y a la respuesta de unos servicios públicos que, esta vez, llegaron a tiempo.










