El Carnaval de Cartagena volverá a latir con fuerza este domingo 15 de febrero, cuando el Gran Pasacalles recorra las principales arterias de la ciudad entre música, color y fantasía. Pero este año, junto al brillo de las comparsas y el ritmo de las batucadas, habrá otro protagonismo silencioso y esencial: el de la inclusión.
El Ayuntamiento ha previsto una serie de medidas para garantizar que las personas con discapacidad puedan disfrutar del desfile en condiciones de igualdad, reforzando así el compromiso de la ciudad con un Carnaval abierto a todos.
A lo largo del recorrido se habilitarán espacios reservados para personas con movilidad reducida en puntos estratégicos. Estarán situados en la Alameda de San Antón, junto a la entrada de la calle San Basilio; en la Plaza de España, al inicio de la calle del Carmen; en la intersección de la calle del Carmen con San Roque; y en Puertas de Murcia con calle Intendencia. Estas zonas permitirán seguir el desfile con mayor comodidad y seguridad, en lugares de buena visibilidad y fácil acceso.
Además, se reservarán 50 sillas destinadas a personas con discapacidad visual en la Alameda de San Antón, a la altura de la calle San Basilio. Los asientos han sido cedidos gratuitamente por la empresa adjudicataria Sillas Gil, un gesto que refuerza la colaboración entre la iniciativa privada y la administración para hacer del Carnaval una celebración más accesible.
La atención a la diversidad sensorial también tendrá su espacio propio. En la Plaza de España, frente a la farmacia, se instalará un Espacio Azul dirigido a personas con trastorno del espectro autista. En esta zona se atenuará el sonido de las comparsas para adaptar el entorno a sus necesidades, reduciendo la sobrecarga acústica que puede generar este tipo de eventos multitudinarios. La medida busca ofrecer un entorno más amable sin renunciar a la esencia festiva que caracteriza al desfile.
El Gran Pasacalles no solo recorrerá las calles de Cartagena, sino que volverá a recorrer también el camino hacia una ciudad más consciente y comprometida. Porque cuando la fiesta se diseña pensando en todos, el Carnaval se convierte en algo más que un espectáculo: se transforma en una expresión colectiva de respeto, convivencia y celebración compartida.










