Cartagena ha vuelto a escucharse a sí misma esta semana. En cada nota afinada, en cada respiración contenida antes de un pasaje complejo, en cada aplauso sostenido, el Conservatorio de Música ha sido algo más que un escenario: ha sido el reflejo de una ciudad que sigue apostando por el talento joven como uno de sus valores más sólidos.
El ciclo de semifinales de la vigésimo octava edición de Entre Cuerdas y Metales, el certamen impulsado por Juventud del Ayuntamiento y el propio Conservatorio, ha llegado a su fin tras varios días de intensidad musical en los que decenas de intérpretes han demostrado que el futuro de la música en la Región de Murcia no es una promesa, sino una realidad en marcha.
La semana arrancó con fuerza en la modalidad de cuerda, una de las más concurridas, donde 28 jóvenes músicos ofrecieron un despliegue de técnica y sensibilidad que obligó al jurado a afinar tanto como los propios instrumentos. Dos sesiones bastaron para confirmar que el nivel de esta edición no solo se mantiene, sino que crece, alimentado por nuevas generaciones que interpretan con personalidad propia.
El martes, la voz tomó el relevo y transformó el espacio en un territorio de emoción compartida. El canto lírico y el flamenco dialogaron desde sus diferencias, pero también desde una raíz común: la necesidad de conmover. Hubo matices, hubo riesgo, y sobre todo hubo verdad en cada interpretación, de esas que trascienden el estilo y alcanzan directamente al público.
El cierre llegó el sábado con la música de cámara, una modalidad que es, en sí misma, un ejercicio de generosidad. Sesenta y dos jóvenes, agrupados en distintas formaciones, ofrecieron un recorrido por distintas épocas y estilos, demostrando que escuchar al otro es, en música, tan importante como saber tocar. La cohesión, el entendimiento y la complicidad marcaron una jornada que dejó claro que el trabajo colectivo sigue siendo una de las grandes fortalezas del certamen.
Con las semifinales ya resueltas, el foco se desplaza ahora hacia las finales, donde los seleccionados por los distintos tribunales —en una decisión especialmente compleja por el nivel general— buscarán culminar su paso por el concurso. Las actuaciones se celebrarán en la Fundación Mediterráneo, en la calle Mayor, con acceso libre hasta completar aforo, a lo largo de varias jornadas entre el 13 y el 22 de abril, mientras que la final de Música de Cámara tendrá lugar el 25 de abril en el Auditorio del Conservatorio.
Entre Cuerdas y Metales no es solo un concurso. Es, edición tras edición, un espacio donde se cruzan la disciplina y la ilusión, el aprendizaje y la vocación. Y, sobre todo, es una evidencia de que en Cartagena hay una cantera musical que no deja de crecer, afinando su presente mientras se abre paso hacia el futuro.












