Durante unos días, Cartagena dejó de ser únicamente una ciudad portuaria para convertirse en un territorio donde lo imposible parecía cotidiano. La cuarta edición del Festival Internacional Cartagena es Magia ha vuelto a demostrar que la ilusión, cuando se comparte, tiene la capacidad de transformar espacios, reunir generaciones y provocar ese asombro genuino que rara vez encuentra explicación.
El evento, respaldado por el Ayuntamiento, desplegó una programación ambiciosa que combinó grandes espectáculos de sala con propuestas más cercanas, casi íntimas, donde la destreza del ilusionista se mide a escasos centímetros del espectador. No faltaron tampoco los desafíos extremos ni la magia espontánea en las calles, consolidando así un modelo de festival que entiende la cultura como algo vivo, accesible y participativo.
El momento culminante llegó el domingo en el auditorio El Batel, donde la Gala de Campeones reunió a figuras de primer nivel internacional. Sobre el escenario, el público fue testigo de la espectacularidad de Raúl Alegría, conocido como el “Nuevo Houdini”, cuya propuesta bebe del gran formato y la estética de los grandes shows de Las Vegas. Junto a él, la cubana Lucía Rivera aportó dinamismo y precisión con su Quick Change, disciplina que la ha llevado a ser reconocida en escenarios internacionales como America’s Got Talent. Completó el elenco Héctor Sansegundo, campeón mundial FISM FLASOMA, cuya creatividad ha trascendido incluso al universo del Mago Pop.
La gala, conducida con solvencia y humor por El Gran Dimitri, encontró además en Abelmagia —director del festival— un ejemplo de compromiso con el crecimiento cultural de la ciudad. Su presencia sobre el escenario no fue solo artística, sino también simbólica: la de quien impulsa y cree en un proyecto que ya forma parte del calendario cultural local.
Pero si algo define a este festival es su capacidad para salir del teatro y tomar la ciudad. Las calles de Cartagena se llenaron de espectadores improvisados, de familias que se detenían sorprendidas ante un truco imposible o de niños que, por primera vez, descubrían el misterio de la magia. El Parque de los Juncos, la plaza del Icue o el Centro Cultural Ramón Alonso Luzzy se convirtieron en escenarios abiertos donde nombres como Antoñico Francés, Kachinocheve o el propio Sansegundo acercaron el ilusionismo a todos los públicos.
En paralelo, la Gala de Magia de Cerca ofreció una experiencia completamente distinta. Bajo el sugerente título “El Arte de lo Imposible”, el público pudo apreciar la precisión técnica y la elegancia de una disciplina que no necesita grandes artificios para impactar. El Dúo formado por Rubi Férez y Fernando Nadal, recientes premiados a nivel mundial, compartió protagonismo con talentos emergentes en una velada donde cada gesto contaba.
Entre las novedades más comentadas destacó el reto de escapismo de Raúl Alegría en la plaza del Ayuntamiento. “Las Mandíbulas de la Muerte” no fue un simple número, sino una demostración de resistencia física y control mental que mantuvo en vilo a los asistentes hasta el último segundo. Sin trucos visibles, sin red, solo el tiempo y la habilidad como únicos aliados.
El festival también reservó un espacio para el público adulto con la propuesta de Javi Martínez en Mister Witt Café, donde la magia se mezcló con el mentalismo y la improvisación en un ambiente más íntimo y nocturno. Una fórmula distinta que amplía el alcance del evento y demuestra su capacidad para adaptarse a diferentes sensibilidades.
Así, Cartagena ha vuelto a confirmar que la magia no es solo un espectáculo, sino una experiencia colectiva que se construye en cada mirada de sorpresa. Durante este fin de semana, la ciudad no solo acogió a algunos de los mejores ilusionistas del mundo; también se permitió, aunque fuera por unos días, creer en lo imposible.











