El verano todavía no ha llegado, pero Cartagena ya empieza a sonar. Y lo hace con ese murmullo creciente que precede a las grandes citas, cuando el público se adelanta al calendario y convierte la expectativa en certeza. La Mar de Músicas, fiel a su cita con julio, vuelve a demostrar que no entiende de medias tintas: o se vive intensamente o se queda uno fuera. Y este año, a juzgar por la velocidad con la que vuelan las entradas, la ciudad ha decidido no perdérselo.
El primer aviso serio lo ha dado Rodrigo Cuevas. Su concierto del 23 de julio en el Auditorio Paco Martín, en lo alto del Parque Torres, ya es historia antes de suceder. No quedan localidades. El artista asturiano, que dejó huella en su anterior paso por el festival, regresa con una propuesta renovada, en la que tradición y vanguardia vuelven a encontrarse sin pedir permiso. Cuevas no actúa: seduce, provoca y juega. Y Cartagena, que ya lo conoce, ha respondido con un lleno anticipado que habla tanto del artista como del momento que vive el festival.
No es el único nombre que empuja con fuerza. Rubén Blades, leyenda viva de la música latina, será el encargado de poner el broche final el 25 de julio. Su concierto, también en el Paco Martín, ha vendido ya cerca del 70% de su aforo. Más de cinco décadas de trayectoria contemplan a un artista que no necesita presentación, pero sí contexto: cada actuación suya es un acontecimiento, una lección de música y memoria que trasciende géneros y generaciones.
La respuesta del público no se limita a nombres propios. Los abonos para los conciertos del Auditorio Paco Martín y el Castillo Árabe desaparecieron en cuestión de horas tras salir a la venta el pasado 27 de marzo. Un suspiro. Apenas 300 pases que confirmaron lo que ya se intuía: La Mar de Músicas no es solo un festival, es una tradición emocional que se renueva cada verano. Aún quedan, eso sí, los abonos del Patio del CIM, donde por 80 euros se puede trazar un recorrido completo por buena parte de la programación.
Y es ahí donde este 2026 encuentra su verdadero relato. Ecuador será el punto de partida, el eje simbólico de una edición que no se detiene en fronteras. Dieciséis países de América, África y Europa dibujan un mapa sonoro que vuelve a convertir Cartagena en puerto de culturas. Sobre los escenarios se cruzarán voces como las de Sílvia Pérez Cruz, Judeline, Maria Arnal, Silvana Estrada, Carminho o Lila Downs, junto a propuestas que amplían el espectro como Xoel López, Cheikh Lô, Sona Jobarteh o Niño de Elche acompañado de Raül Refree.
Cartagena vuelve a prepararse para ese momento en el que la música lo ocupa todo: las noches, las conversaciones, el aire que sube desde el puerto hasta el Parque Torres. Y mientras julio se acerca, el mensaje es claro: quien quiera formar parte, que no se despiste. Porque cuando La Mar de Músicas empieza a latir, lo hace sin esperar a nadie.











