Durante dos mañanas de abril, mientras la primavera empezaba a abrirse paso en la ciudad, cerca de un centenar de mayores de Cartagena han dado un paso firme hacia un territorio que hasta hace poco parecía ajeno: el de la tecnología cotidiana. Lo han hecho en las aulas de la UNED en Cartagena, convertidas por unos días en punto de encuentro entre generaciones, aprendizaje y confianza.
El proyecto, impulsado por la Fundación Integra bajo el nombre ‘Applícate: Sube, conecta y aprende’, ha encontrado en el Ayuntamiento de Cartagena y en los fondos europeos Next Generation el respaldo necesario para materializar una idea sencilla pero profundamente transformadora: que nadie se quede atrás en un mundo cada vez más digital.
Allí, entre móviles, contraseñas y aplicaciones, no solo se enseñaba a utilizar WhatsApp o a identificar un posible fraude. Se construía algo más importante: seguridad. La que falta cuando no se sabe pedir una cita médica online o gestionar un trámite administrativo desde casa. La que, como señalaba la edil Cristina Mora, convierte la brecha digital en una barrera real que condiciona la vida diaria de muchas personas mayores.
Durante siete horas y media repartidas en dos jornadas intensivas, los participantes han ido rotando por talleres diseñados a medida. Pequeños grupos, atención cercana y un lenguaje accesible han permitido que conceptos como almacenamiento en la nube, verificación de información o creación de contenidos dejen de sonar lejanos. En su lugar, han empezado a formar parte de una rutina posible.
No ha faltado tampoco el componente humano. Un desayuno compartido al inicio de cada jornada, conversaciones entre compañeros y un “pasaporte digital” que se iba llenando de sellos con cada logro completado han convertido la formación en una experiencia cercana, casi emocional. Aprender, en este caso, también era celebrar pequeños avances.
El consejero Luis Alberto Marín lo resumía con claridad: no se trata solo de enseñar tecnología, sino de ofrecer herramientas útiles para el día a día. Y en ese matiz está la clave. Porque cuando una persona mayor pierde el miedo a su teléfono móvil, no solo gana autonomía; recupera, en cierta forma, independencia.
En Cartagena, durante estos dos días, la tecnología no ha sido una barrera, sino un puente. Y al otro lado, esperaban nuevas formas de comunicarse, de informarse y, sobre todo, de sentirse parte de un presente que avanza rápido, pero en el que aún hay tiempo —y voluntad— para que nadie se quede atrás.












