El salón de actos del Centro de Empresas y Desarrollo Empresarial, en el corazón de la Agencia de Desarrollo Local y Empleo, ha sido escenario esta semana de algo más que una clausura académica. Allí se respiraba la certeza de que el futuro industrial de Cartagena no es una promesa lejana, sino una construcción diaria en la que universidad, empresa e instituciones han decidido caminar de la mano.
El programa SMART I 5.0 ha cerrado su última edición con la entrega de diplomas a los estudiantes de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT) que han participado en esta experiencia formativa diseñada para conectar el talento joven con las necesidades reales del potente polo industrial cartagenero. No se trata de una iniciativa aislada, sino de una estrategia clara: evitar la fuga de conocimiento y convertir la formación en empleo cualificado dentro del propio municipio.
Durante los últimos meses, los alumnos han trabajado sobre desafíos tecnológicos concretos planteados por Mecánicas Bolea y el Colegio de Ingenieros Técnicos de la Región de Murcia. Retos reales, en entornos reales, con exigencias reales. La Industria 5.0 y la tecnología dual han sido el eje vertebrador de un programa que ha permitido trasladar los conceptos aprendidos en las aulas a escenarios de alta especialización, donde la innovación ya no es un discurso, sino una necesidad competitiva.
El concejal de Empleo, Formación y Contratación, Álvaro Valdés, subrayó en su intervención una idea que define el momento que vive la ciudad: Cartagena es hoy un referente industrial en constante crecimiento. Pero ese crecimiento necesita raíces. “Tenemos el talento aquí en casa y no queremos que se vaya”, afirmó, recordando el trabajo que se impulsa desde la mesa de formación de las nuevas industrias para articular microformaciones ajustadas a las demandas empresariales y consolidar una conexión directa entre quienes generan conocimiento y quienes generan actividad económica.
En la misma línea, la directora del Centro Europeo de Empresas e Innovación de Cartagena (CEEIC), Nuria Castillo, destacó el valor estratégico de la colaboración entre administraciones, universidad y colegios profesionales. No es solo una cuestión formativa, sino estructural. Las mentorías, el acompañamiento técnico y la orientación hacia la tecnología dual —con aplicaciones tanto civiles como militares— refuerzan un ecosistema que aspira a integrar a los nuevos egresados en proyectos empresariales sólidos y con proyección.
La voz de los estudiantes, lejos de sonar protocolaria, transmitió convicción. José Rizandar, alumno del doble grado de Ingeniería Biomédica e Ingeniería Electrónica, agradeció la oportunidad en nombre de sus compañeros y dejó entrever algo esencial: la ambición de aplicar lo aprendido no solo en el mercado laboral, sino también en iniciativas propias que ya empiezan a tomar forma. Esa mezcla de preparación técnica y espíritu emprendedor encaja con el modelo que Cartagena quiere consolidar.
El formato híbrido del programa ha sido otro de los elementos mejor valorados. Permitir compatibilizar el curso con estudios y prácticas ha facilitado que la experiencia se integrara de forma natural en la trayectoria académica de los participantes, reforzando su empleabilidad sin interrumpir su proceso formativo.
Con el cierre de esta edición de SMART I 5.0, el Ayuntamiento de Cartagena y el CEEIC no solo entregan diplomas: consolidan una alianza que apunta directamente al futuro. En una ciudad donde la industria vuelve a ocupar un lugar central en el relato económico, asegurar que los nuevos perfiles tecnológicos encuentren oportunidades de calidad en las empresas locales es una apuesta estratégica.
Cartagena no quiere exportar talento; quiere convertirlo en motor propio. Y programas como este demuestran que la innovación, cuando se planifica con visión compartida, deja de ser un concepto abstracto para convertirse en empleo, arraigo y desarrollo sostenible.











