Cartagena puede contar su pulso social en cifras, pero también en nombres, gestos y trayectorias silenciosas. Son 45 entidades sociales y 1.872 personas voluntarias inscritas oficialmente en el programa municipal de voluntariado, una red que no deja de crecer y que volvió a hacerse visible, como cada año desde hace diecisiete, en la gala de los Premios Compromiso Voluntario. Un encuentro que sirvió para poner rostro a una fuerza colectiva que sostiene, acompaña y completa allí donde las necesidades no entienden de horarios ni de balances.
La alcaldesa de Cartagena, Noelia Arroyo, subrayó durante el acto que el crecimiento de una ciudad no se mide solo en infraestructuras o servicios públicos. “La ciudad crece por las infraestructuras, por la calidad de los servicios públicos, por las mejoras que redundan en más bienestar, pero también crece muchísimo gracias al trabajo de personas voluntarias y solidarias que hacen que la ciudad sea mucho más amable, mucho más justa y mucho más solidaria”, afirmó, poniendo el acento en ese capital humano que no siempre ocupa titulares, pero que transforma realidades cotidianas.
Junto a la alcaldesa estuvieron presentes el teniente alcalde Diego Salinas, la edil de Política Social Cristina Mora, el edil de Nuevas Tecnologías Diego Lorente y los concejales Mercedes Graña y Fulgencio Soto, arropando un acto que fue más emocional que protocolario, más vivido que institucional.
Los Premios Compromiso Voluntario volvieron a reconocer tanto trayectorias personales como proyectos colectivos. En la modalidad individual, el galardón fue para José Damián Martínez Paredes, por su dedicación constante en la Fundación AFAL. Un reconocimiento que coincide con un momento especialmente significativo para la asociación, que contará próximamente con su propio espacio, junto a otras entidades, en el nuevo edificio sociosanitario que el Ayuntamiento pondrá en marcha tras la rehabilitación del antiguo centro de salud de San Antón, un proyecto con una inversión cercana a los dos millones de euros.
En la modalidad colectiva, el premio recayó en CaixaBank, destacando la implicación global de su voluntariado corporativo y un modelo que crece año tras año, reflejo de una responsabilidad social cada vez más integrada en la cultura empresarial. A ello se sumó una mención especial cargada de emoción en el décimo aniversario del campamento urbano de la Fundación FISAT en el entorno de Salesianos del barrio de Los Dolores, un proyecto que durante una década ha ofrecido veranos de ocio, aprendizaje y acompañamiento a menores en situación de vulnerabilidad.
Los testimonios de las personas premiadas pusieron palabras a lo que muchas veces solo se intuye. “El voluntariado es el músculo que nos permite actuar”, resumió uno de los representantes del sector, mientras otros recordaban cómo esta marea humana llena vacíos en ámbitos tan diversos como el ocio inclusivo, el acompañamiento a personas mayores o el apoyo educativo.
Durante el acto se insistió en la vitalidad de las 45 entidades que conforman el movimiento voluntario de Cartagena, organizaciones siempre abiertas a incorporar a nuevas personas porque las necesidades sociales no se detienen. La recompensa, como coincidieron en señalar quienes subieron al escenario, es doble: se mejora la ciudad y se obtiene una gratificación personal difícil de explicar, la de saber que el tiempo regalado se convierte en un cambio real.
En definitiva, una gala que volvió a demostrar que, más allá de cifras y discursos, Cartagena se sostiene también gracias a una red silenciosa y constante de compromiso, empatía y solidaridad. Una ciudad que avanza porque hay quienes, sin pedir nada a cambio, deciden empujarla cada día un poco más lejos.










