sábado, noviembre 29, 2025

El Teatro Circo Apolo revive el Siglo de Oro con la gangarilla de Quevedo

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El Algar se prepara para un viaje singular al corazón del Siglo de Oro con la llegada de Polvo serán, más polvo enamorado, una delicada y atrevida propuesta de Morfeo Teatro en colaboración con la Fundación Siglo de Oro. Este sábado 29 de noviembre, a las 21:30 horas, el Teatro Circo Apolo abrirá sus puertas a un montaje que rescata la esencia teatral del XVII y la despliega ante el público con una fuerza poética que late en cada escena. Las entradas ya están disponibles en www.teatrocircoapoloelalgar.es.

La función se abre con un atardecer suspendido en brumas. Un campo yermo, un árbol seco, una carretilla de comedias cargada de cachivaches. Tres cómicos rodean un humilde ataúd que guarda el cuerpo inmóvil de un compañero de farándula, colocado como un difunto que aún no ha terminado de contar su historia. Esta anécdota inicial actúa como pórtico para que, a través de ella, irrumpan las piezas literarias de Quevedo, invitando al espectador a un juego donde la muerte tiene voz y presencia: La Muerte llega, reclama al finado, y con ella se despliega un universo que oscila entre lo trágico, lo burlesco y lo profundamente humano.

En este tránsito, la obra se adentra en la contradicción eterna de la existencia: la búsqueda de la felicidad mientras la fatalidad camina a nuestro paso, la necesidad de soñar aun cuando el destino parece escrito. Quevedo hiere, sí, pero también cura; y el montaje acentúa esa capacidad suya de atravesar el alma para dejarla, al final, más plena que antes.

Sobre las tablas, la España del siglo XVII cobra vida con una atmósfera ensoñada que remite a los días errantes de las compañías del Siglo de Oro. El espacio escénico reproduce un paisaje desolado, casi alegórico, donde el camino incierto que se abre ante los cómicos se convierte en un recordatorio del tránsito fugaz de la vida y del arte. Allí se mueve la compañía en forma de gangarilla, tal y como se conocía en el XVII a las agrupaciones ambulantes descritas por Rojas Villandrando en su Viaje entretenido de 1602: cuatro actores, todos hombres, capaces de encarnar cualquier personaje, ya fuera masculino o femenino, mediante máscaras y travestimientos que hoy se leen como un guiño reivindicativo a la figura de la mujer en una época que no le concedía el escenario.

El resultado es un homenaje nítido y vibrante a la tradición teatral que elevó a Quevedo, una representación que mira al pasado sin renunciar a interpelar al presente, y que recuerda, con la elocuencia del teatro bien hecho, que en el polvo que somos también late, obstinadamente, el amor.

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