El Consejo Municipal de Infancia y Adolescencia de Cartagena retomó este miércoles 14 de enero su actividad con una sesión clave, no tanto por las decisiones tomadas como por el camino que se abre a partir de ahora. Un nuevo curso de trabajo que arranca con reflexión, escucha y análisis, las tres herramientas que definen la esencia de este órgano de participación infantil y adolescente que da voz a quienes, muchas veces, no la tienen en los espacios institucionales.
Durante las primeras sesiones de este 2026, los chicos y chicas que integran el Consejo —niños, niñas y adolescentes de entre nueve y diecisiete años— se centrarán en identificar cuáles son hoy las principales inquietudes y centros de interés de la infancia y adolescencia cartagenera. Mirarán también hacia atrás, a los temas ya abordados en cursos anteriores, para detectar qué cuestiones siguen vigentes, cuáles han evolucionado y qué nuevas preocupaciones emergen en su realidad cotidiana.
De ese proceso de análisis colectivo saldrá el eje central que marcará su agenda de trabajo durante todo el año. Un tema elegido por ellos mismos, trabajado desde su propia mirada y que culminará, como es tradición, en una batería de propuestas concretas que se elevarán al Pleno Infantil Municipal que cada mes de noviembre se celebra con motivo del Día Internacional de los Derechos de la Infancia.
El Consejo Municipal de Infancia y Adolescencia de Cartagena es mucho más que un espacio simbólico. Es un órgano estable de participación que permite que las opiniones, ideas y propuestas de las personas más jóvenes de la ciudad sean escuchadas y tenidas en cuenta en la toma de decisiones municipales. Un compromiso que se enmarca dentro del programa Ciudades Amigas de la Infancia de UNICEF, del que forma parte el Ayuntamiento de Cartagena y que reconoce a la ciudad con el distintivo de “Ciudad Amiga de la Infancia”.
Porque construir una ciudad mejor también pasa por aprender a escuchar a quienes la habitan desde abajo, desde el patio del colegio, desde el barrio y desde esa mirada limpia que, cuando se le da espacio, suele señalar con claridad aquello que los adultos a veces dejamos de ver.










