Hay conciertos que no se anuncian, se presienten. Citas que parecen escritas para una noche concreta, para un lugar concreto y para un público que sabe que no va a salir igual que entró. Eso es lo que ocurrirá el próximo sábado 7 de febrero de 2026 en La Aparecida, cuando los murcianos Rainover presenten por primera vez en esta pedanía cartagenera su cuarto trabajo de estudio, Between Dream & Nightmare.
El escenario elegido no es casual. El Arizona Ruta 66 Rock Bar, templo del rock y la música en directo en la zona, acogerá a partir de las 22:00 horas una velada que promete sumergir al público en ese delicado equilibrio entre belleza y oscuridad que define el sonido de la banda. Un espacio cercano, intenso, donde cada acorde se siente a escasos metros y cada atmósfera se vuelve tangible.
Between Dream & Nightmare llega además con el aval de haber sido mezclado y masterizado en los legendarios Finnvox Studios de Finlandia, un detalle que no es menor y que se percibe en la profundidad y contundencia del disco. Rainover transita aquí por un paisaje sonoro que combina el metal sinfónico más épico, el gothic metal cargado de emoción y pasajes de doom oscuro y envolvente, construyendo canciones que no solo se escuchan, sino que se habitan.
El concierto será también una oportunidad para reencontrarse con los temas más representativos de su trayectoria, reinterpretados desde la madurez de una banda que ha sabido crecer sin perder identidad. En directo, Rainover despliega una propuesta sólida, elegante y emocional, pensada para quienes buscan algo más que un simple recital de canciones.
La cita viene acompañada además de un guiño festivo muy acorde al espíritu del local: entrada anticipada en sala por 6 euros —con barril de cerveza gratis— y 7 euros en taquilla. Una excusa perfecta para llegar pronto, compartir, brindar y dejar que la noche fluya al ritmo de guitarras, teclados y atmósferas densas.
Rainover no solo presenta un disco; propone una experiencia. Una travesía entre el sueño y la pesadilla que, por una noche, tendrá su punto de encuentro en La Aparecida. Quien decida cruzar esa frontera sabe que no será un simple espectador, sino parte de un ritual colectivo que reivindica la música en directo como algo vivo, necesario y profundamente humano.










