Cartagena no entiende su presente sin uniforme, ni su horizonte sin vocación de servicio. A primera hora de la mañana, cuando la luz del puerto comenzaba a filtrarse entre las fachadas históricas, el Palacio Consistorial se convertía, una vez más, en punto de encuentro entre ciudad y Academia. La alcaldesa, Noelia Arroyo, recibía a los alumnos de nuevo ingreso de la Academia General del Aire y del Espacio, en una de esas tradiciones que, lejos de desgastarse, refuerzan cada año el vínculo entre la institución militar y la identidad cartagenera.
El acto arrancó con el protocolario “Viva España” frente a la fachada modernista del Ayuntamiento, un gesto simbólico que, más allá de la formalidad, resume una relación tejida a lo largo de décadas. Acompañados por sus profesores y por el coronel director de la Academia, Luis Felipe González, los futuros oficiales del Ejército del Aire cruzaron el umbral del Consistorio para escuchar un mensaje claro: en Cartagena, las Fuerzas Armadas no son un elemento ajeno, sino parte del pulso cotidiano de la ciudad.
Arroyo subrayó esa idea con palabras que apuntan tanto al pasado como al porvenir. Recordó que la presencia militar “marca, impregna el carácter y forma parte de nuestra identidad”, y quiso incidir en una realidad que va más allá de la tradición: la defensa como motor de desarrollo. “Defensa significa preparación, pero también conocimiento, innovación y tecnología”, afirmó, poniendo el foco en un ecosistema local donde industria y formación avanzan de la mano. En ese entramado destacó el papel de la Universidad Politécnica de Cartagena, aliada natural de un sector que encuentra en la ciudad puerto, talento y experiencia.
No se trata solo de compartir litoral, como señaló la alcaldesa, sino de compartir misión. Cartagena y la Academia, dijo, mantienen una relación cercana que se apoya en una historia común de servicio. El mar, testigo permanente, actúa como frontera y nexo al mismo tiempo, recordando que esta es tierra acostumbrada a mirar lejos sin perder el ancla.
El coronel director de la Academia agradeció la acogida y quiso dejar constancia de una integración que va más allá de los actos oficiales. “Cartagena desborda personal militar”, afirmó, recordando las excelentes relaciones con el Arsenal y el Regimiento de Artillería, y reivindicando la presencia constante del uniforme azul en la vida social de la ciudad. Mencionó, de forma especial, la participación voluntaria de los alumnos en la Semana Santa, una imagen que cada año confirma que el compromiso no se limita a las aulas ni a los desfiles.
En nombre de los nuevos aspirantes, uno de los alumnos tomó la palabra con un discurso que combinó gratitud y determinación. Reconoció que la Academia no camina sola y que Cartagena es testigo de una colaboración constante. El reconocimiento recibido, señaló, no es un gesto vacío, sino una muestra de confianza que se corresponderá con trabajo, honor y lealtad. Palabras medidas, pero firmes, propias de quien comienza una etapa consciente de la responsabilidad que asume.
El acto concluyó con una mirada a la historia y al orgullo compartido. La alcaldesa evocó figuras como Isaac Peral y Juan de la Cierva, referentes del ingenio surgido de esta tierra, para enlazar pasado e innovación, tradición y vanguardia. Y recordó que para Cartagena es motivo de orgullo que la Academia sea el centro de formación de los futuros jefes del Estado, en alusión a la estancia de Su Alteza Real la Princesa de Asturias en la institución de San Javier.
Así, entre símbolos, palabras y memoria, la ciudad volvió a reafirmar un vínculo que no entiende de coyunturas. Cartagena y la Academia comparten algo más que geografía: comparten carácter. Y ese carácter, forjado entre mar y disciplina, sigue escribiendo su historia cada curso que comienza.












