La brisa suave del litoral cartagenero acompañó este martes una visita que, más allá de lo institucional, tuvo algo de revelación. Representantes de Países Bajos, Bélgica, Bulgaria, Albania, Lituania e Italia recorrieron las playas de Cartagena con una mirada atenta, casi inquisitiva al principio, que pronto se tornó en admiración. No era para menos. Lo que encontraron no fue solo un paisaje cuidado, sino un sistema de trabajo minucioso, casi quirúrgico, en la preservación de uno de los ecosistemas más delicados de Europa: el Mar Menor.
La jornada, enmarcada dentro del proyecto europeo Coast Craft, sirvió para poner sobre la arena —nunca mejor dicho— el modelo de gestión que el Ayuntamiento de Cartagena viene aplicando en su litoral. Un modelo que combina técnica, respeto ambiental y conocimiento profundo del terreno. Allí, en Punta Brava, a escasos metros del espacio protegido de El Carmolí, los asistentes pudieron comprobar in situ cómo se ejecutan labores tan específicas como el remangado, una intervención que, lejos de ser rutinaria, exige precisión y sensibilidad ecológica.
Lo que sorprendió a los visitantes no fue solo la ejecución, sino la filosofía que la sustenta. Cada actuación parte de la medición de parámetros biológicos y del entendimiento de que el equilibrio del ecosistema es frágil, casi invisible, pero absolutamente determinante. En ese delicado punto es donde Cartagena ha sabido encontrar su fortaleza.
El vicealcalde y concejal de Litoral y Sanidad, Gonzalo López Pretel, no ocultó el orgullo institucional ante el interés suscitado. Defendió un modelo de gestión que busca compatibilizar el disfrute ciudadano con la protección ambiental, una convivencia que durante años ha sido uno de los grandes retos del Mar Menor. Y lo hizo con una afirmación contundente: Cartagena ya no solo cuida su costa, la convierte en ejemplo.
La presencia de responsables europeos, junto a figuras clave de la administración regional como el director general de Ordenación del Territorio y Arquitectura, Javier Rollán, y el director general de Puertos, Pablo Marín, refuerza la dimensión internacional de este reconocimiento. No se trató de una visita protocolaria, sino de un intercambio de conocimiento en el que Cartagena jugó el papel de referente.
Mientras los trabajos de acondicionamiento del litoral continúan en los próximos días, queda la sensación de que algo ha cambiado en la percepción exterior. Aquellas regiones tradicionalmente situadas a la vanguardia en la gestión costera miran ahora hacia el sureste español con respeto. Cartagena, con su manera de entender el equilibrio entre naturaleza y uso humano, ha logrado situarse en el mapa europeo no solo como destino, sino como modelo.












