Hay aprendizajes que no caben en un libro de texto. Se viven, se recorren y se escuchan en primera persona. Durante semanas, el Palacio Consistorial de Cartagena ha dejado de ser solo la sede del Gobierno local para convertirse en un aula abierta donde miles de escolares han podido asomarse, quizá por primera vez, al funcionamiento real de la democracia.
El programa de visitas institucionales vinculado a los Presupuestos Participativos ha cerrado una nueva edición con cifras que hablan por sí solas: 2.090 alumnos y 65 centros educativos han pasado por las dependencias municipales desde aquel 3 de febrero en que el CEIP Los Alumbres inauguró el calendario. El último grupo, procedente del CEIP La Asomada, ha puesto el broche a una iniciativa que crece cada año tanto en participación como en ambición pedagógica.
Acompañando a los estudiantes en este recorrido ha estado el concejal de Educación y Hacienda, Ignacio Jáudenes, quien ha insistido en el valor de acercar las instituciones a los más jóvenes. No se trata únicamente de enseñarles un edificio ni de explicarles su funcionamiento administrativo, sino de algo más profundo: comprender cómo se toman las decisiones, cómo se gestionan los recursos públicos y, sobre todo, cómo se articula la participación ciudadana.
Porque ese es el corazón del programa. Los Presupuestos Participativos no son una teoría abstracta, sino una práctica real en la que los propios alumnos tienen voz y voto. Tras estas visitas comienza ahora la fase decisiva: en las próximas semanas, los centros educativos abrirán sus procesos de votación para que los estudiantes elijan qué mejoras quieren impulsar en sus colegios e institutos. Una experiencia que convierte a los más jóvenes en protagonistas activos de la gestión pública.
El reparto de participación refleja también la amplitud del proyecto: un Centro de Educación Especial, tres de Infantil, 46 colegios de Primaria y 14 institutos han formado parte de esta edición. Un mosaico educativo que demuestra que la implicación no entiende de edades ni de etapas formativas.
Jáudenes ha defendido este modelo como un ejemplo de éxito consolidado, subrayando que el Ayuntamiento no solo escucha, sino que cede capacidad real de decisión. Y en ese gesto, aparentemente sencillo, se esconde una lección fundamental: la democracia no es algo lejano ni reservado a los adultos, sino un ejercicio cotidiano que también puede empezar en el aula.
Así, entre pasillos históricos y salones institucionales, Cartagena ha sembrado algo más que conocimiento. Ha sembrado conciencia cívica. Porque cuando un niño entiende que puede decidir sobre lo que le rodea, deja de ser un espectador y empieza a convertirse, poco a poco, en ciudadano.












