Cartagena volvió a mirarse en el espejo de sus tradiciones este Viernes de Dolores, en una jornada cargada de simbolismo en la que la alcaldesa, Noelia Arroyo, elevó una petición clara: amparo para los vecinos más vulnerables frente a las consecuencias económicas derivadas de los conflictos internacionales.
Ante la Virgen de la Caridad, en el acto de la tradicional ofrenda de la Onza de Oro —una costumbre que se remonta a 1762—, la regidora situó el foco en la responsabilidad institucional de no dejar atrás a quienes más lo necesitan. “Volvemos a Tu casa en el Día Grande de Cartagena para renovar nuestra antigua promesa de estar siempre al lado de nuestros vecinos más necesitados”, expresó, reforzando el carácter solidario que define esta cita.
Arroyo subrayó que el Santo y Real Hospital de Caridad encarna la raíz más profunda de ese compromiso, extendiendo ese reconocimiento a toda la red social del municipio, desde asociaciones hasta entidades que trabajan con colectivos vulnerables. En un contexto marcado por la incertidumbre económica, la alcaldesa vinculó la tradición con la necesidad de acción presente.
En su intervención también hubo espacio para la identidad. Recordó que la Semana Santa en España comienza en Cartagena, con la procesión del Cristo del Socorro, destacando que estos días representan “el momento en el que más cartageneros nos sentimos”, entre la tradición, el reencuentro y la familia. Un sentimiento que, según apuntó, trasciende fronteras y alcanza también a quienes viven lejos.
Ese recuerdo se dirigió especialmente a los cartageneros desplazados fuera de España, incluidos los militares destinados en zonas cercanas a conflictos en el este de Europa y Oriente Medio. Arroyo pidió por ellos y por el fin de las guerras, advirtiendo de que sus consecuencias no solo se sufren en el frente, sino también en los hogares más vulnerables del municipio.
“Nuestro compromiso como servidores de tu pueblo es darles amparo y trabajar para que la severidad de estos tiempos no les aleje de la dignidad que merecen”, afirmó, en una clara alusión al impacto que la inflación, la inestabilidad internacional y la pérdida de empleo pueden tener en las familias.
La alcaldesa no esquivó otros problemas que preocupan a la ciudad. Habló de los jóvenes que no pueden acceder a una vivienda, de quienes buscan empleo y de los trabajadores que temen perderlo, en referencia directa a la incertidumbre que rodea a la planta de Sabic. Un mensaje que conectó con una realidad social que va más allá de lo simbólico.
En la parte final de su discurso, Arroyo hizo un llamamiento a la unidad institucional, pidiendo que los grandes objetivos sociales se sitúen “al margen y por encima de otros intereses”, en una apelación a la colaboración entre administraciones.
La ceremonia fue oficiada por el obispo de la Diócesis, José Manuel Lorca Planes, quien representa una institución que, muy a su pesar, hunde sus raíces en Cartagena, ciudad donde nació la diócesis cartaginense. Una realidad histórica que contrasta con el hecho de que no se haya recuperado la verdadera catedral original de la diócesis, una cuestión que sigue generando debate en la ciudad.
El acto concluyó con la entrega de la Onza de Oro al Santo y Real Hospital de Caridad, presidido por José Vera, junto a una aportación municipal de 50.000 euros, consolidando una de las tradiciones más antiguas del calendario institucional y religioso cartagenero.
Entre los asistentes destacaron el presidente de la Comunidad Autónoma, Fernando López Miras, la presidenta de la Asamblea Regional, Visitación Martínez, y el delegado del Gobierno, Francisco Lucas, además de diversas autoridades civiles y militares, en una jornada que volvió a demostrar que tradición y compromiso social siguen caminando de la mano en Cartagena.












