La plaza del Ayuntamiento de Cartagena se convirtió este viernes en un punto de encuentro para la reivindicación y la preocupación compartida. Decenas de trabajadores de la planta de SABIC en el complejo industrial de La Aljorra, acompañados por representantes políticos y ciudadanos, alzaron la voz en defensa de un tejido industrial que consideran vital para el presente y el futuro del municipio.
No era una concentración más. En el ambiente se respiraba la inquietud de cientos de familias que ven peligrar su sustento. Más de 500 empleos directos y cerca de 2.500 vinculados a la industria auxiliar dependen de la continuidad de esta actividad, una cifra que dibuja con claridad el impacto que cualquier decisión tendrá sobre la economía local.
La alcaldesa, Noelia Arroyo, quiso estar junto a los trabajadores, no solo como gesto institucional, sino como símbolo de unidad. A su lado, concejales del Gobierno y miembros de la Corporación municipal reforzaron una imagen poco habitual pero necesaria: la de una ciudad que se cierra filas en torno a su industria. Durante su intervención, Arroyo insistió en la necesidad de que Cartagena sea considerada zona preferente industrial, una reivindicación que permitiría acceder a fondos estratégicos y reforzar la competitividad de un enclave clave en los sectores químico y energético.
Las palabras de la regidora no se quedaron en lo simbólico. Apuntaron directamente a un modelo de ciudad que no renuncia a su identidad industrial, sino que aspira a transformarla y fortalecerla. Cartagena, dijo, tiene capacidad para liderar en ámbitos como la energía, la defensa o la logística, pero necesita infraestructuras y respaldo para hacerlo posible.
Mientras tanto, los trabajadores, protagonistas silenciosos de esta historia, volvieron a recordar que detrás de cada cifra hay vidas en pausa. Pascual Sánchez, presidente del Comité de Empresa, puso voz a esa realidad con una petición clara: soluciones urgentes y alternativas reales. No se trata solo de mantener los empleos actuales, sino de garantizar que, si surgen nuevas oportunidades en la ciudad, quienes han sostenido durante años la industria tengan prioridad.
El respaldo del Ayuntamiento, expresado en acuerdos plenarios aprobados por unanimidad, ha sido reconocido por la plantilla. Sin embargo, la sensación general es que el tiempo apremia. La incertidumbre no entiende de trámites ni de declaraciones, y cada día que pasa sin respuestas concretas aumenta la presión sobre un sector que ha sido uno de los pilares históricos de Cartagena.
La concentración de este viernes no fue un final, sino un paso más dentro de un calendario de movilizaciones que busca mantener viva la atención sobre un problema que trasciende a una empresa concreta. Lo que está en juego, insisten, no es solo una planta industrial, sino el modelo económico de toda una ciudad.











