El eco de los tambores se ha apagado, las túnicas han vuelto a los armarios y la ciudad, poco a poco, recupera su pulso cotidiano. Tras la intensidad emocional y estética de la Semana Santa, Cartagena inicia ahora otra procesión, más silenciosa pero igual de necesaria: la de devolver a sus calles el aspecto impecable que merece.
El Ayuntamiento ha activado un dispositivo especial de limpieza que se extiende por el casco antiguo y el Ensanche, con especial atención a aquellos puntos donde la huella de las procesiones se hace más visible. Las emblemáticas vías de Puertas de Murcia, Santa Florentina o la calle Mayor, testigos del fervor y la tradición, son ahora escenario de una intervención meticulosa centrada en eliminar restos de cera y chicles adheridos al pavimento.
No se trata únicamente de una limpieza superficial. Los trabajos, coordinados por la concesionaria municipal Lhicarsa, buscan una renovación profunda del suelo urbano. Para ello, se han desplegado dos vehículos hidrolimpiadores que actúan con precisión sobre las zonas más castigadas, apoyados por labores manuales que permiten llegar a cada rincón con detalle casi artesanal.
El operativo, que se prolongará hasta final de mes, cuenta además con un refuerzo humano significativo. Dieciocho personas en régimen de prácticas se han incorporado a las brigadas habituales, distribuidas en turnos de mañana y tarde. Esta ampliación de efectivos no solo acelera los trabajos, sino que refleja una apuesta por combinar eficiencia con oportunidad formativa.
A medida que avanzan las jornadas, el resultado comienza a percibirse. El pavimento recupera su color, las aceras su uniformidad y el conjunto urbano gana en luminosidad. Es una transformación discreta pero evidente, que devuelve a Cartagena esa imagen cuidada que acompaña su identidad histórica y turística.
Porque tras cada celebración multitudinaria, hay un compromiso invisible que garantiza que la ciudad siga siendo un lugar habitable, atractivo y digno de ser recorrido. Y en ese compromiso, la limpieza se convierte en un gesto de respeto hacia el patrimonio, los vecinos y quienes la visitan.












