El Ayuntamiento de Cartagena cerró el primer trimestre de 2026 con un superávit de 3,9 millones de euros y una reducción de deuda de otros 3 millones, unos datos que el Gobierno municipal exhibe como prueba de la buena salud económica de las cuentas públicas. El concejal de Hacienda, Ignacio Jáudenes, destacó que los informes técnicos confirman el cumplimiento de la estabilidad presupuestaria y una deuda situada por debajo del límite legal permitido.
Según explicó el edil, el objetivo del Ejecutivo local pasa por reducir la deuda municipal en 12,3 millones de euros a lo largo de este año, manteniendo una rebaja superior al millón de euros mensual. Jáudenes defendió además que esta situación permite al Ayuntamiento cumplir con proveedores, sostener los servicios públicos y afrontar los compromisos económicos previstos para este ejercicio.
Las cifras reflejan un presupuesto consolidado de ingresos de 348,3 millones de euros, con 45,1 millones en derechos reconocidos netos y 32,8 millones ingresados durante el primer trimestre. En cuanto al gasto, el Consistorio cuenta con 343,8 millones en créditos definitivos, de los que ya se han comprometido más de 103 millones.
Sin embargo, más allá de los números y de los informes de estabilidad, muchos vecinos siguen preguntándose dónde se traduce realmente esa buena situación económica. Porque mientras el Ayuntamiento presume de superávit y reducción de deuda, continúan existiendo barrios y diputaciones con problemas de asfaltado, aceras deterioradas, falta de limpieza, alumbrado insuficiente o infraestructuras pendientes desde hace años.
La sensación en numerosas zonas del municipio es que las grandes cifras económicas apenas se perciben en el día a día. Cartagena no es solo el centro histórico ni los grandes anuncios institucionales. También son las diputaciones que siguen reclamando inversiones básicas y los barrios que llevan demasiado tiempo esperando actuaciones que mejoren realmente la vida de sus vecinos.
Reducir deuda puede ser importante para garantizar estabilidad financiera, pero muchos ciudadanos consideran que el verdadero equilibrio debería estar también en la calle, destinando parte de ese margen económico a resolver carencias históricas y necesidades que siguen acumulándose lejos de los focos y de los titulares oficiales.












