Hay decisiones que no hacen ruido, pero que cambian la vida cotidiana de una ciudad. La reciente reunión de la Comisión Mixta de Seguimiento del convenio entre el Ayuntamiento de Cartagena, la Universidad Politécnica de Cartagena y la Universidad de Murcia pertenece a esa categoría: encuentros discretos que, sin estridencias, trazan el rumbo de una Cartagena más sana, más consciente y mejor preparada para afrontar los retos del bienestar colectivo.
La sesión ha servido para poner sobre la mesa dos proyectos de calado con horizonte en 2026. El primero, la creación de un circuito cardiosaludable en el Bosque Romano, un espacio que aspira a convertirse no solo en pulmón verde, sino en escenario activo donde el ejercicio físico forme parte del paisaje diario. El segundo, quizá más ambicioso aún, la integración del ejercicio físico en la red sociosanitaria municipal, utilizando la propia estructura de atención social y de salud para prescribir hábitos activos como una herramienta más de prevención y mejora de la calidad de vida.
No se parte de cero. La Cátedra Universitaria de la Actividad Físico-Deportiva y la Salud llega a este nuevo impulso respaldada por los resultados obtenidos durante 2025. Programas como “Parques Activos” han demostrado que cuando se ofrecen oportunidades accesibles y bien diseñadas, la ciudadanía responde: la actividad se duplicó en la Vía Verde ante una demanda que superó todas las previsiones. A ello se suma el programa de nutrición y actividad física, que alcanzó a más de 1.300 personas entre vecinos y escolares, consolidando una línea de trabajo que une educación, prevención y hábitos saludables desde edades tempranas.
El impacto no se ha quedado en el territorio físico. La campaña de difusión en redes sociales de la Cátedra superó los 45.000 usuarios únicos, y lo más relevante no es la cifra en sí, sino su consecuencia directa: un incremento del 18% en las consultas sobre programas municipales de actividad física. Datos que hablan de interés, de conciencia creciente y de una ciudadanía que empieza a entender la salud como algo que se construye día a día.
La concejala de Política Social, Igualdad y Familia, Cristina Mora, lo resumía con claridad al señalar que estos proyectos refuerzan el compromiso con una Cartagena más activa y saludable, apoyada en la evidencia científica y en la colaboración entre instituciones. Una frase que, más allá del titular político, refleja una forma de trabajar en la que la universidad no se queda en los despachos ni el Ayuntamiento actúa solo, sino que ambos se reconocen como aliados necesarios.
Junto a la edil, la comisión de seguimiento reúne perfiles técnicos y académicos que dan solidez al proyecto: desde el Observatorio Municipal de la Actividad Física y la Salud hasta los vicerrectorados de Economía de la UMU y la UPCT, pasando por la dirección de la propia Cátedra. Un engranaje complejo, sí, pero imprescindible cuando se pretende que las políticas públicas de salud no sean improvisadas, sino sostenibles y medibles.
Cartagena avanza así, paso a paso, hacia un modelo de ciudad donde caminar, moverse y cuidarse no sea una excepción ni un lujo, sino una parte natural de la vida urbana. Y en ese camino, a veces, lo más importante no es correr, sino saber hacia dónde se camina.










