Hay jornadas que no hacen ruido, que no ocupan portadas a primera vista, pero que sostienen con firmeza el pulso de una ciudad. El pasado viernes 10 de abril fue una de ellas. En el interior de la Escuela de Infantería de Marina General Albacete y Fuster, lejos del bullicio cotidiano, se desarrolló un encuentro donde la seguridad vial se convirtió en herramienta esencial para quienes, desde el uniforme, velan por todos.
Profesores de la Escuela de Seguridad Pública del Ayuntamiento de Cartagena (ESPAC) llevaron hasta las instalaciones militares una sesión formativa dirigida a cerca de 150 infantes de marina, además de oficiales, suboficiales y tropa. No era una clase más. Era, en esencia, una puesta en común entre instituciones que comparten una misma responsabilidad: la protección de la vida.
La formación giró en torno a los pilares que rigen la circulación vial, desde la normativa vigente hasta los elementos más cotidianos que, sin embargo, resultan determinantes en el día a día. Especial atención mereció la regulación de las pruebas deportivas en vía pública, un aspecto clave en el contexto de la inminente Ruta de las Fortalezas, donde la coordinación y el conocimiento preciso de la legislación marcan la diferencia entre el éxito y el riesgo.
El marco legal, con referencias al Reglamento General de Circulación, no fue abordado como un simple texto normativo, sino como una guía viva que conecta directamente con las funciones que desempeña el personal de la Armada. Porque más allá del papel, la seguridad vial se traduce en decisiones, en reflejos, en responsabilidad compartida.
La jornada avanzó desde la teoría hacia la experiencia. Los asistentes no solo escucharon, sino que sintieron en primera persona las consecuencias de conducir bajo condiciones adversas. Las gafas simuladoras, capaces de reproducir los efectos del alcohol, las drogas o la fatiga, transformaron el aprendizaje en algo tangible, casi incómodo, pero profundamente revelador. Durante unos minutos, cada participante pudo comprobar cómo se distorsiona la percepción, cómo se ralentizan los reflejos y cómo el riesgo deja de ser una idea abstracta.
Este tipo de iniciativas evidencian una colaboración que va más allá de lo institucional. Entre la Escuela de Seguridad Pública y las Fuerzas Armadas se teje una relación constante, silenciosa, que se fortalece en cada encuentro como este. Una alianza que no busca protagonismo, sino eficacia.
En una ciudad como Cartagena, donde la tradición militar convive con la vida civil y los grandes eventos deportivos, la seguridad no es un concepto aislado. Es un compromiso colectivo que se construye día a día, también en aulas discretas, también en ejercicios que enseñan sin necesidad de levantar la voz.











