Preámbulo.
En el límite norte de Cartagena, donde la ciudad se abre al Campo, nació un barrio que se hizo al paso de la carretera, al ritmo de la huerta, al amparo de una ermita y a la sombra de villas con balcones de hierro y azulejo. Los Dolores es camino, vecindad y memoria: un lugar donde el tranvía acercó los oficios, donde pequeñas industrias dieron de comer a medio contorno, y donde el modernismo prendió en escala doméstica, de jardín y galería.
DÉCIMA I “Al origen”
En la raya del camino
y en voz baja de oración,
levantó su corazón
un caserío campesino.
La ermita fue dulce sino,
dolor y nombre a la vez,
y el vecindario, a sus pies,
entre aljibes y naranjos,
plantó casas sin boato:
trabajo, honra y vejez.
QUINTILLA I “La senda”
Era senda hacia Madrid,
era puerta hacia Murcia;
con su temple y su astucia
el barrio dijo: “aquí id”,
que aquí la vida es industria.
1. Orígenes (s. XVIII–XIX): camino real y ermita.
El germen de Los Dolores se asienta junto al camino real de Madrid (antigua entrada septentrional a Cartagena). En el último tercio del siglo XVIII surge una ermita dedicada a Nuestra Señora de los Dolores, que pronto atrae devoción y vida comunal. A finales del XIX ya hay conciencia de pueblo de camino: huertas, casas de una planta con patio, aljibe, cuadras y portones generosos para el carro.
Hacia 1879 aparecen reclamaciones vecinales típicas de núcleo consolidado (alumbrado, sereno, arreglo de firmes), prueba de que la población ha pasado de diseminado a núcleo con servicios.
DÉCIMA II “La parroquia”
La ermita se hizo mayor,
parroquia y luz de vecina,
donde el barrio se encamina
cuando ríe o sufre el dolor.
Campanario anunciador,
capillas y voz de fiesta;
y a su sombra se apresta
la vida de cada día:
que el templo guarda la vía
de esta patria modesta.
QUINTILLA II “Pueblo-camino”
Casas bajas, patio y reja,
aljibe fresco y limón;
del huerto nace el fogón
y a la calle, la conseja
de un barrio hecho canción.
2. Crecimiento y trazado (1890–1930): el barrio-lineal.
Entre 1890 y 1930 Los Dolores crece como población lineal a lo largo de la carretera:
Vivienda: casas de una crujía, galería al patio, jardín delantero y miradores; en algunos solares, villas con toques modernistas.
Espacio público: casino, círculo republicano, centro popular, teatro y cinematógrafo.
Servicios: médico, practicante, farmacia, despacho de pan, abacerías.
Sociabilidad: subcomité de Cruz Roja con puesto de socorro y ambulancia; sociedades recreativas y filarmónicas; cofradías y hermandades vinculadas a la parroquia.
DÉCIMA III “Vida en la calle”
El cine en sábados largos,
el teatro de barriada,
y en la plaza, la alborada
de pregones y de encargos.
Bailes, rifas y letargos,
y el casino conversado,
donde el pueblo bien peinado
mezclaba estudio y faena:
cultura sin mucha pompa,
pero con mucha solera.
QUINTILLA III “Vecindad”
Entre alpargates y harina,
taller, tienda y barbería,
el saludo era alegría
y la tarde campesina
con olor de romería.
3. El tranvía: del trote a la luz eléctrica.
1893: primer tranvía de tracción animal hasta Los Dolores.
1905–1907: electrificación y servicio eléctrico.
La mejora del transporte convierte al barrio en puerta viva de Cartagena: acceso rápido al centro, ida y vuelta diaria para estudiantes, obreros y comerciantes. La carretera sigue siendo columna vertebral, pero el tranvía otorga modernidad y continuidad urbana.
DÉCIMA IV “Rieles”
Por la vía vino el tiempo
más ligero y ciudadano;
del carro al coche liviano
hubo un salto y un aliento.
En el hierro va el acento
de la urbe compartida,
y un horario da medida
al latido de la gente:
Los Dolores fue puente
entre huerta y bahía.
QUINTILLA IV “A un tranvía”
Coche verde que no olvida
campanilla al atardecer;
nos llevó a saber y hacer,
a vender y a la comida…
¡Qué manera de crecer!
4. Economía de proximidad: pimentón, harina y licores.
El barrio se convierte en nodo de transformación agroalimentaria:
Molinos de pimentón (producto rey de la huerta de la vega baja).
Harineras y tahonas.
Almacenes de almendra, esparto y comestibles al por mayor.
Talleres: carpinterías, herrerías, carretería, más tarde talleres de automóvil y venta de gasolina.
Destilería: la célebre “El Birroño” (años 20), anisados, compuestos y licores con distribución comarcal.
DÉCIMA V “Oficios”
Del molino al mostrador,
del granero a la dulzaina,
el barrio muele y encamina
su paciencia y su sabor.
Aguardiente, candeal, flor
de pimentón rojo vivo…
En lo pequeño, el motivo
de sostener una casa:
la economía se abraza
a lo diario y decisivo.
QUINTILLA V “El Birroño”
Copa breve de anisado,
cristal claro y voz de amiga;
entre charla y buena liga
se brinda al trabajo honrado
que a la familia abriga.
5. Familias y figuras: prestigio vecinal.
En Los Dolores el protagonismo no lo toma la gran banca ni la gran minería, sino la “clase media de cercanía”: propietarios agrarios, comerciantes, profesionales y pequeños industriales.
Familia Conesa Calderón – Calín.
Promotores de El Castillito (1899–1900), mansión ecléctica con halo de cuento, ligada en la memoria a Antonia Calín —luego Marquesa de Fuente el Sol—.
Simbolizan ascenso social y gusto por la representación arquitectónica.
Familia Barceló.
Vinculada a la Casa Barceló (1916), obra de Lorenzo Ros Costa, uno de los escasos modernismos residenciales conservados en el barrio.
Imagen de comercio acomodado, cultura doméstica y gusto urbano.
Empresarios locales.
Antonio Gutiérrez Cerezuela (Destilería “El Birroño”).
Molineros y harineros venidos de Santa Ana, La Palma, El Lentiscar, Las Lomas, La Guía, etc., que usan Los Dolores como puerto seco para transformar y distribuir.
Personalidades nacidas o vinculadas.
Bartolomé Ros y Ros (1906–1974), fotógrafo de referencia del Protectorado; nacido en Los Dolores.
Antonio Vallejo Alberola (n. 1942), arquitecto y alcalde de Cartagena (1987–1991); también del barrio.
DÉCIMA VI “Gente mayor”
No hay marqueses de cartera,
pero hay casas con razones;
saben sumar estaciones
y dar palabra sincera.
La vecindad es bandera
de doctores y artesanos,
y comerciantes cercanos
que, sin alzar mucho el tono,
hicieron grande el entorno
con trabajo entre sus manos.
QUINTILLA VI “Prestigio”
Prestigio es puerta y mesa,
el consejo en la ocasión,
la firma en la procesión
y el don de abrir la empresa
sin perder el corazón.
6. Modernismo de escala doméstica: villas, jardín y galería.
El modernismo en Los Dolores no busca la monumentalidad del casco histórico, sino intimidad:
El Castillito (1899–1900), de acentos eclécticos, jardín romántico y memoria afectiva.
Casa Barceló (1916), Lorenzo Ros, fachada simétrica, azulejería y balcones trabajados.
Torre Claudia (1919), también de Lorenzo Ros; vivienda modernista hoy desaparecida, que el recuerdo local sitúa entre las más bellas del barrio.
Otras villas y casas-jardín con rejería, miradores y cenefas cerámicas; buen número mantienen huellas pese a reformas posteriores.
DÉCIMA VII “Casa-jardín”
Poca pompa y mucha esquina,
corredores y celosía;
un perfume de alegría
de buganvilla y glicina.
La elegancia que combina
azulejo con forjado
y un balcón enamorado
de tardes tibias y abriles…
Modernismo de perfiles
para un barrio sosegado.
QUINTILLA VII “Cenefa”
Una cenefa en la puerta,
un mirador enjalbegado;
y el patio recién regado
con la tierra siempre abierta
para un limonero alado.
7. Cultura, recreo y educación.
Casino y Círculo: sociabilidad, lectura de prensa, baile, juegos reglados, actos benéficos.
Teatro y Cinematógrafo: funciones de compañías locales, proyecciones mudas y, luego, sonoras.
Escuela: maestros muy implicados; llegada temprana de escuelas graduadas en el entorno, con pedagogía moderna.
Cruz Roja (subcomité): formación sanitaria, socorros y ambulancia; presencia en fiestas patronales y campañas de higiene.
Vida religiosa: parroquia activa —Nuestra Señora de los Dolores— con cofradías, retablos y celebraciones que marcan el calendario colectivo.
DÉCIMA VIII “El casino”
Al casino va el debate,
la partida y la tertulia;
y en la noche, la penuria
se aligera en buen remate.
De la orquesta al chocolate,
del beneficio al rifado,
el barrio queda firmado
en el sello de su estilo:
cultura de corto hilo
y corazón entonado.
QUINTILLA VIII “La escuela”
Pizarra, cuento y canción,
libro nuevo y papel fino;
en la voz del peregrino
se aprende la tradición
de un pueblo en buen camino.
8. Organización territorial y demografía.
Los Dolores se integra en la diputación de El Plan, una constelación de núcleos que cosen el norte del término municipal. Con el paso de las décadas el barrio mantiene su función de cabecera de servicios y crece hacia Urbanización Castillitos y el eje de Juan Carlos I. Hoy sigue siendo puerta de acceso, pieza de enlace entre ciudad y comarca y ámbito residencial muy demandado.
DÉCIMA IX “Diputación”
En la gran diputación
se enlazan pueblo y barriada;
Los Dolores es posada
y, a la vez, es estación.
De su humilde condición
nace un alma de alcaldía:
cuando el barrio hace de guía
todo el norte se articula,
y Cartagena calcula
por su arteria de armonía.
QUINTILLA IX “Censo”
No es cifra la identidad,
ni el padrón hace el cariño;
lo da el abuelo y el niño,
la fiesta y la vecindad,
el “buenos días” más digno.
DÉCIMA X “Llamamiento”
No dejemos que la prisa
nos robe lo que nos ata:
una reja, una barata,
un balcón y su sonrisa.
Si el barrio al tiempo eterniza
la humildad de su fachada,
Cartagena se engalana
con su puerta de laureles:
que el camino sean claveles
y la historia, bien contada.
QUINTILLA X “Compromiso”
Restaurar es decidir
que el pasado nos sostiene;
si el presente nos contiene,
el futuro va a escribir
lo que el alma nos mantiene.
9. Itinerario sugerido (2 horas, a pie)
Parroquia de Ntra. Sra. de los Dolores —punto de partida e historia devocional.
Trazado de la carretera —lectura urbana del barrio-camino.
Antiguo Casino / sociabilidad —memoria del recreo y la tertulia.
El Castillito —icono ecléctico: jardín y cuento.
Casa Barceló (Lorenzo Ros, 1916) —modernismo doméstico.
Huella del tranvía y oficios —de los molinos a los talleres.
Cierre en plaza —charla vecinal: la vida sigue en la calle.
DÉCIMA XI “Despedida en ruta”
Pisa lento, caminante,
que aquí el tiempo tuvo casa;
la memoria nunca pasa
si el amor va por delante.
En Los Dolores, constante,
se oye el rito de la vida:
la jornada compartida,
la esperanza que no miente…
Cartagena al norte siente
su puerta más querida.
QUINTILLA XI “Firma”
Con respeto, en prosa y trino,
por su gente y sus valores,
dejo escrito en mis amores
lo que dicta mi camino:
Kchi – Los Dolores.
Epílogo
Los Dolores no es un barrio cualquiera: es una forma de ser Cartagena hacia el Campo. La huerta le dio sustento, el tranvía le dio latido urbano, la devoción lo nombró, las villas lo hermosearon y sus gentes —con trabajo menudo y orgullo discreto— lo sostienen.
Cuidarlo es cuidar la puerta norte de la Trimilenaria.
DÉCIMA FINAL “Promesa”
Si el futuro pide historia
y la historia pide piel,
que el barrio sea papel
donde firmemos memoria.
Guardaremos la victoria
de un vivir laborioso,
de un carácter generoso
que a Cartagena da flores:
¡Salud, barrio de Los Dolores,
camino hermoso y honroso!









