lunes 16 febrero 2026

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‘Me han birlado 100 euros y 4 puntos’

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“Había pensado tocar en este artículo la ‘púa’ que me dejó la Autoridad Portuaria de Cartagena de más de seiscientos ‘aurelios, pero resulta que hace unos días me multó un motorista de Tráfico de la Guardia Civil por ir conduciendo sin cinturón… cuando resulta que sí lo llevaba.

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Sucedió el pasado miércoles y esa apropiación indebida hizo que me subiese por las paredes. Han pasado varias fechas y sigo encaramado pese a no tener nada de ‘hombre araña’, con lo que está claro que debo tomar otra actitud, como es contarlo. Sé que no va a valer para nada y que ni los ‘100 pavos’ ni los 4 puntos del carné volverán, pero lo mismo consigue que me relaje. Algo es algo.

Pues resulta que me dirigía por una carretera más que secundaria con dirección al Polígono Santa Ana y me crucé con dos motoristas de Tráfico que iban hacia la rotonda de Molino Derribao. Pues bien, cuando he avanzado unos cuatrocientos metros, uno de ellos me adelanta y me hace la indicación de que pare. Lo hago. Entonces, me dice que me va a multar por no llevar el cinturón de seguridad. Le respondo: “… pero si lo llevo puesto”. Insiste e insisto, siempre dentro de los cauces de una conversación muy correcta sin cambios de tono y sin que nadie se alterase de forma visible. Le digo que se puede haber confundido y remarca su firmeza en la sanción, indicando entonces que su compañero y él me han visto como me lo ponía. Entonces es cuando me doy cuenta que estoy ‘condenado’ y sin salida entre ‘la espada y la pared’ pese a mi inocencia. Puedo entender que exista una confusión visual, pero no que afirme que ha observado algo que no ha existido. Para ver algo, ese ‘algo’ tiene que haberse producido. Es así de simple y lo remarco, aunque parezca de ‘Perogrullo’. Pero es más, tras cruzarnos, ¿me vieron de espaldas a través del cristal de la puerta posterior desde el retrovisor de la moto y a bastantes metros?

Mientras me ‘dedican’ la multa, me doy cuenta en mi retrovisor de la furgoneta de que son similares los colores del cinturón y del vestuario que llevo, por lo que me hago una autofoto estirando el brazo, para asemejar la distancia por la que me crucé con el agente, aunque, como es obvio, estábamos algo más alejados. La foto es ésta:

Hombre con gafas y bigote, sentado al volante de una furgoneta y haciéndose una foto con el brazo extendido; al fondo se ve la carretera y un agente de Tráfico junto a una moto.

Se la muestro y le reitero que puede ser una confusión, pero sigue firme en su postura, añadiendo esta vez que puedo recurrir la multa. Le señalo que esos recursos no valen para nada porque sólo se tiene en cuenta el testimonio de una de las partes y comento someramente lo que me sucedió en mayo de 2011, cuando, en la carretera Los Barreros-La Palma, me multaron porque el radar señaló que iba a 112 km/h cuando mi vehículo sufría una avería por la que no llegaba a los 90 km/h. Le pedí, entonces, al agente que pusiera en observaciones que en la pantalla aparecía ‘Avería del motor’ y se negó, diciéndome que lo pusiera en la reclamación, la cual presenté. Ni caso. Entonces, con el testimonio de las otras tres personas que iban en el turismo y el certificado del taller de la avería y las limitaciones que provocaba, acudí a los tribunales de justicia, pero fue archivada (rechazada) la denuncia. Otro ‘ni caso’, pues el juzgado indicó que prevalece la ‘presunción de veracidad’ del agente de la Guardia Civil. Me costó 600 euros. Estaba claro que no iba a perder el tiempo otra vez sabiendo que ‘puedo decir misa’, que lo que vale es lo que diga el guardia civil. Así que no quise firmar la multa al no estar de acuerdo con su contenido, pero sí la pagué, con lo que bajó de 200 a 100 euros. Además, 4 puntos menos en el carné de conducir. Otra ‘mella’ que me deja esta ‘gracia’.

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Por cierto, entonces, en 2011, escribí un artículo de opinión bajo el título de ‘La multa ferpecta‘, en el que, en base a lo sufrido, consideraba que los agentes de Tráfico son unas veces ‘ángeles de la carretera’ y que en otras actúan como ‘asaltadores de caminos’. Por ello, le pregunté al agente multador de ahora si existía algún motivo personal o profesional en esta sanción, respondiéndome de forma negativa.

En todo momento actué de forma correcta, pero por dentro me notaba ‘raro’ y por ello fue que en un momento se me cayeron los papeles del coche y no me di cuenta, pues incluso se los pedí al otro agente pensando que no me los habían devuelto, cuando resulta que los tenía en mis pies. Otro detalle es que minutos después llegué empapado de sudor a la imprenta a la que me dirigía.

Iba a escribir ahora que lo de menos son los 100 euros, pero rectifico, pues es un dinero que (mayor o menor) he ganado con mi trabajo y que es mío. Ahora, la sensación de impotencia e indefensión es muy fuerte.

En lo que me sucedió hace 15 años sí me mosqueé ‘muchíííísimo‘ y pensé muy, pero que muy mal, pues fue muy raro ese desajuste en el radar. Tengo entendido, pues le pregunté a gente del gremio, que un buen palmarés de multa no da beneficios económicos al multador, pero alguno me dijo que sí ‘ayuda’ en asuntos de escalar o de traslados. No lo sé. Lo que sí tengo claro es que en todos los países las multas de circulación son un impuesto encubierto que necesitan los gobiernos. De no ser así, con prohibir la fabricación de coches que superen los 120 km/h (límite de velocidad más elevado en España) se evitarían miles de multas. Y si no, ¿por qué se ponen (escondidos) tanto en las vías de 50 km/h en las que lo lógico por sus características sería tener el límite en 70 km/h?

Del segundo caso, el que me ha pasado ahora, más bien pienso que es una confusión visual en la que el error está en rechazar de forma tajante que pudo confundirse, como nos puede pasar (y pasa) en muchas ocasiones a los restantes seres humanos. Las personas son las que hacen grandes o criticables a las instituciones, empresas, asociaciones, empresas, periódicos, comercios, etc., siendo casos como los sufridos por ‘el menda’ los que manchan a todo el cuerpo. Lo siento porque hay gente maravillosa, pero pienso que estos son los primeros que me entienden.

Pues bien, ya lo he soltado. Me han ‘soplado dinero y puntos’ y la vida sigue, pero de ahí a agachar la cabeza hay un mundo, pues por encima del ‘silencio de los corderos’ está la ‘ferpecta‘ libertad de expresión justa y respetuosa (incluso cuando es ‘pataleo’), o por lo menos es lo que aprendí desde que los españoles decidimos acogernos a los mandamientos democráticos”.

Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de dondecomemosct.es

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Carlos Illán
Carlos Illán
es periodista especializado en información local, con una extensa trayectoria en Cartagena, La Unión y el conjunto del Campo de Cartagena. A lo largo de su carrera ha estado vinculado al periodismo de proximidad, participando en la creación y dirección de distintos medios digitales centrados en la actualidad local. Colabora como autor en ¿Dónde Comemos? Cartagena, donde aporta su conocimiento del territorio y una mirada cercana a la realidad social, cultural y cotidiana de la Comarca del Campo de Cartagena
Ilustración estilo cómic de un hombre vestido con uniforme de preso a rayas negras y blancas con las siglas “PGOU” en el pecho, saliendo de una celda bajo un sol intenso. Se cubre la frente con la mano, sudando y desorientado, mientras dice en un bocadillo: “¿Cuántos años han pasado? ¿Ya se habrá construido el Plan Rambla?”. En el suelo aparece la firma “¿Dónde Comemos? Cartagena”.
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