Cartagena conmemoró el pasado 4 de febrero el Día Mundial Contra el Cáncer con un acto cargado de simbolismo y mensaje social en el que se reivindicó la necesidad de humanizar la atención sanitaria y situar al paciente en el centro de la asistencia. La cita, celebrada en el Palacio Consistorial, sirvió también para mostrar el respaldo institucional y ciudadano a las personas que conviven con la enfermedad y a sus familias, un apoyo que este año quedó representado en la pulsera brazalete de la esperanza de la Asociación Española Contra el Cáncer.
Durante el acto, la alcaldesa de Cartagena, Noelia Arroyo, subrayó la importancia de la unidad institucional y social frente al cáncer y destacó el compromiso del Ayuntamiento con la Asociación Española Contra el Cáncer tanto a nivel local como regional. La regidora señaló que el cáncer seguía siendo el mayor reto sociosanitario de la actualidad y remarcó que cada vez se trabajaba más para ofrecer una atención más humana, con espacios más cercanos y un trato más empático. En ese sentido, afirmó que la lucha contra la enfermedad era una causa común en la que toda la sociedad debía implicarse.
Por su parte, el presidente de la Asociación Española Contra el Cáncer en la Región de Murcia, Eduardo González, recordó que el cáncer no afectaba únicamente a quien recibía el diagnóstico, sino que suponía una fractura que alcanzaba al entorno familiar, social y laboral del paciente. Explicó que, junto a la prevención, la asistencia social y la investigación, la asociación había incorporado ese año un nuevo eje prioritario centrado en la humanización de la atención y en dar respuesta a las necesidades reales tanto de los pacientes como de sus cuidadores.
Uno de los momentos más emotivos del acto llegó con la lectura del manifiesto, a cargo de Mamen, superviviente de cáncer, que puso voz a la experiencia de quienes reciben un diagnóstico que irrumpe de forma repentina y transforma la vida. A través de sus palabras se subrayó que el cáncer no implicaba solo tratamientos médicos, sino también un profundo impacto emocional, social, familiar y laboral. El manifiesto reivindicó, junto a la AECC, una atención oncológica más integral y personalizada, basada en la escucha activa, la información clara, la participación del paciente en la toma de decisiones y el cuidado de quienes acompañan y sostienen durante el proceso.











