Cartagena: una idea que no debería ser un sueño

Una ciudad con identidad y potencial que solo necesita decisiones valientes, mejores conexiones y confianza en su propia gente para construir el futuro que merece.

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Hay ciudades que simplemente existen y otras que se sienten. Cartagena es de las segundas. Tiene historia, identidad y un carácter que no se puede copiar. Pero también tiene algo pendiente: creérselo de verdad.

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Cuando uno piensa en Cartagena, no lo hace solo en lo que es, sino en lo que podría ser. Una ciudad que no dependa constantemente de decisiones que se toman lejos, en otras ciudades, y que tenga capacidad real para marcar su propio rumbo. No se trata de grandes discursos, sino de algo más sencillo: que lo importante para Cartagena se decida pensando en Cartagena.

Pero esto no va solo de política. Va de cómo se vive aquí. De conseguir que el desarrollo económico no sea algo abstracto, sino algo que se note en el día a día. Que haya empleo, sí, pero empleo que permita quedarse. Porque ahora mismo muchos jóvenes no se van solo por falta de oportunidades, sino también por lo difícil que es moverse de un lugar a otro.

Cartagena acaba sintiéndose como una isla dentro de España: conexiones ferroviarias inexistentes, ausencia de transporte directo en autobús y un aeropuerto… que mejor no mencionar. Así es complicado competir, crecer o simplemente plantearse un futuro aquí. Y no solo afecta a los jóvenes. No hay que olvidar que Cartagena es una ciudad marcada por las Fuerzas Armadas y por funcionarios de todo tipo. ¿Cómo afecta esta falta de conexiones a su vida familiar? ¿Cómo reciben visitas desde otras ciudades o comunidades autónomas?

También hace falta rebajar egos. Menos figuras que quieran dejar huella a toda costa y más gente dispuesta a trabajar sin ruido. La ciudad no necesita “emperadores”; necesita gestión, sentido común y compromiso real, independientemente de las siglas.

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Sueño con una Cartagena donde la política no sea un mecanismo de estatus o de poder. Sueño con una Cartagena donde la política sea un instrumento al servicio del pueblo, porque el político no es el jefe del pueblo; el pueblo es el jefe del político.

Sueño con una ciudad donde los jóvenes sean decisivos, donde, independientemente del puesto o de sus estudios, exista un relevo generacional real y donde tengan la confianza que merecen, donde el joven que demuestre su valía tenga hueco. Donde no se mire con clasismo la edad, ya que los tiempos cambian y no se puede mirar el hoy con los ojos del ayer. Tengamos claro que la juventud es el pilar fundamental de la sociedad.

Luego está la vida cultural y social. Cartagena tiene potencial de sobra para ser una ciudad viva todo el año, no solo en momentos concretos. Espacios que podrían ser referentes, actividad constante, una ciudad con ocio nocturno… No es una cuestión de inventar nada nuevo, sino de apostar de verdad por ello.

Y, por supuesto, está la ciudad que se ve, o mejor dicho, la que a veces no se quiere ver. Solares abandonados en pleno centro, problemas de vivienda, proyectos que se quedan a medias: AVE, Corredor Mediterráneo, ZAL… No se trata de maquillar, sino de resolver. De hacer las cosas bien, aunque no luzcan tanto a corto plazo.

Los barrios y diputaciones son otra de las claves. No pueden seguir siendo una especie de “segunda línea”. Cartagena es mucho más que su centro, y eso debería notarse. Que vivir en cualquier zona sea una opción atractiva, con servicios, con vida y con conexión real.

Y lo mismo con el litoral: que no sea moneda de cambio, que no viva solo del verano, que no se apague cuando acaba la temporada. La gente que vive allí todo el año necesita poder hacer vida normal, sin depender de fechas ni de picos turísticos.

Al final, todo se resume en algo bastante básico: una Cartagena unida, que funcione y que esté pensada para quienes viven en ella. Sin grandes palabras, sin promesas vacías.

Cartagena no necesita ser otra cosa. Solo necesita ser, de verdad, lo que puede llegar a ser. En los años 80 había mejores servicios que ahora; el cambio debe empezar ya.

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Daniel Collado
Daniel Collado
Escritor y empresario, es Caballero de la Orden de Santa María de España. Profundamente comprometido con la vida cultural, civil y militar de Cartagena, colabora activamente en diversos proyectos culturales y sociales vinculados a la ciudad y su entorno. A través de sus escritos, impulsa la divulgación del patrimonio, la memoria colectiva y la actualidad cartagenera, con una mirada reflexiva y comprometida con la sociedad.
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