La plaza de San Francisco vuelve a situarse en el centro de la transformación comercial de Cartagena. Sin grandes anuncios, pero con movimientos que acaban definiendo el rumbo de una ciudad, el cierre del histórico bazar chino —ya en proceso de liquidación— abre la puerta a la llegada de un nuevo supermercado de DIA, confirmando el creciente interés por el corazón urbano.
El proyecto contempla la apertura de un establecimiento en el segundo semestre de 2026, aunque por el momento no hay una fecha cerrada. Antes de que comiencen las obras, la cadena deberá completar los trámites habituales y solicitar los permisos correspondientes, un paso imprescindible que marcará el verdadero inicio del calendario.
El nuevo supermercado contará con una superficie cercana a los 400 metros cuadrados y seguirá el modelo de tienda de proximidad que la compañía viene desarrollando en los últimos años. Un formato diseñado para el día a día, con un surtido amplio que supera las 3.000 referencias y que responde a una forma de consumo más ágil, especialmente en zonas céntricas donde prima la inmediatez.
Con esta incorporación, DIA alcanzará los 14 establecimientos en Cartagena, consolidando su presencia en el municipio y reforzando una estrategia basada en la cercanía y la capilaridad urbana. Un crecimiento que no es aislado, sino parte de una dinámica sostenida en el tiempo, con aperturas recientes que apuntan en la misma dirección.
Más allá de lo comercial, la operación reabre un debate habitual en muchas ciudades: el equilibrio entre el comercio tradicional y las nuevas fórmulas de consumo. La sustitución de un bazar por una cadena de alimentación no solo responde a una oportunidad de negocio, sino que también contribuye a redefinir el paisaje del centro histórico.
La plaza de San Francisco, además, no evoluciona en solitario. A este movimiento se suma un proyecto hotelero en su entorno, dibujando un escenario en el que turismo, servicios y comercio conviven con mayor intensidad. Una transformación silenciosa, pero constante, que sigue dando forma a una nueva identidad urbana.
Cartagena avanza sin detenerse, adaptándose a las demandas del presente sin perder de vista su esencia. En ese proceso, cada apertura cuenta. Y cada cierre, también.












