Cartagena comienza a transformar uno de los rincones más castigados y olvidados de su casco histórico. La calle Morería Baja y su entorno ya están en obras desde este 21 de mayo dentro de un proyecto impulsado por el Ayuntamiento que pretende renovar completamente la zona y mejorar la conexión peatonal entre algunas de las vías más transitadas del centro de la ciudad.
Los trabajos, adjudicados a la empresa Jumabeda por un importe de 295.441 euros, tendrán una duración aproximada de cuatro meses y se desarrollan bajo supervisión arqueológica debido al valor histórico del entorno. La actuación incluye también la Subida de San Antonio, Cantarerías y varios espacios libres anexos, donde ya han comenzado las labores de vallado y acopio de maquinaria y materiales.
La intervención contempla la limpieza y desbroce de solares, la sustitución del vallado existente, la creación de pequeñas zonas ajardinadas con maceteros y mobiliario urbano, así como la renovación completa del pavimento, la iluminación y el soterramiento del cableado. El objetivo municipal pasa por convertir estas calles en espacios más cómodos, accesibles y seguros para el peatón, especialmente en una zona muy utilizada por quienes se desplazan entre Puertas de Murcia, Santa Florentina o la calle San Fernando.
La alcaldesa de Cartagena, Noelia Arroyo, ha defendido que la actuación permitirá revitalizar comercial y turísticamente el casco histórico, eliminando problemas derivados del deterioro del antiguo firme y modernizando las infraestructuras urbanas. Según ha explicado, se instalará una plataforma única de adoquín y baldosa similar a la ejecutada en San Fernando, además de renovar el saneamiento y ocultar las instalaciones aéreas.
Sin embargo, la remodelación vuelve a abrir un debate que aparece cada vez que se actúa en el centro histórico: la progresiva desaparición del adoquinado tradicional de Cartagena. Muchos vecinos consideran una auténtica pena que la ciudad vaya perdiendo parte de ese pavimento histórico que durante décadas formó parte de la identidad visual de sus calles. De hecho, son numerosas las voces que defienden que ese adoquinado antiguo debería haberse conservado y restaurado en buena parte del centro, combinando seguridad y accesibilidad con la preservación del carácter histórico que todavía distingue a Cartagena de otras ciudades.













