Cartagena ha amanecido este miércoles atrapada en uno de los episodios políticos más convulsos de los últimos años. La moción de censura presentada para desalojar a Noelia Arroyo de la Alcaldía ha quedado prácticamente herida de muerte después de que dos concejales no adscritos, anteriormente vinculados a Vox, hayan decidido retirar su apoyo a la iniciativa impulsada por MC Cartagena, PSOE y Sí Cartagena.
El movimiento ha alterado por completo el tablero político municipal apenas unos días antes del pleno previsto para debatir la moción. Lo que hasta hace unas horas parecía una operación con opciones reales de prosperar se ha transformado en un escenario de máxima incertidumbre en el Ayuntamiento de Cartagena.
La decisión de los dos ediles llega además tras una jornada especialmente intensa marcada por la ruptura definitiva entre el Partido Popular y Vox en el gobierno local. La alcaldesa cesó a los concejales vinculados a la formación verde después de semanas de tensión interna y acusaciones cruzadas que habían deteriorado gravemente la estabilidad del Ejecutivo municipal.
Con este cambio de posición, los apoyos necesarios para sacar adelante la moción quedarían por debajo de la mayoría absoluta requerida en el pleno municipal. La situación deja ahora a la oposición sin los números suficientes para garantizar el relevo en la Alcaldía, aunque oficialmente la votación sigue prevista para los próximos días.
Mientras tanto, el ambiente político en Cartagena se ha convertido en un auténtico campo de batalla. Desde el PSOE se acusa al Partido Popular de haber maniobrado para impedir el cambio de gobierno a cualquier precio, mientras Vox habla abiertamente de “transfuguismo” y de una operación diseñada para salvar a Arroyo.
En las últimas horas las reacciones se han sucedido a gran velocidad. MC Cartagena insiste en que la ciudad necesita un cambio urgente tras meses de bloqueo político y enfrentamientos dentro del gobierno municipal. Por su parte, el Partido Popular defiende que la ruptura con Vox era inevitable y que Cartagena necesita estabilidad institucional para afrontar los grandes proyectos pendientes.
La crisis deja una imagen inédita en la política local reciente: antiguos socios enfrentados públicamente, concejales abandonando bloques políticos y una moción de censura que, pese a haber sacudido la ciudad durante días, podría terminar desinflándose antes incluso de llegar a votarse.
Cartagena vive así una semana decisiva que podría marcar el rumbo político del municipio durante el resto de la legislatura. Mientras tanto, en la calle crece la sensación de desconcierto ante una situación que cambia prácticamente hora a hora y que mantiene a la ciudad pendiente de cada movimiento dentro del Palacio Consistorial.













